Especialistas analizan el impacto físico de los encuentros íntimos y aclaran si pueden considerarse una actividad física que complemente al gimnasio.
¿Puede el sexo contar como actividad física? Aunque no reemplaza al gimnasio, cada vez más especialistas coinciden en que los encuentros sexuales implican movimiento, activación muscular y conexión corporal. Lejos de la lógica del rendimiento, la propuesta no es “entrenar” en la intimidad, sino entender cómo el cuerpo participa en diferentes posturas y qué beneficios puede tener eso en el bienestar general.
Según Ana Lombardía, experta en salud y bienestar de la empresa We-Vibe, durante un encuentro sexual pueden ponerse en juego distintas capacidades físicas. “Durante el sexo pueden entrar en juego cuestiones como la movilidad, el equilibrio o cierta activación muscular, especialmente en el core y el tren inferior. También puede aparecer algo de resistencia cuando el encuentro se alarga”, señala en diálogo con Clarín.
Al igual que en cualquier actividad corporal, no todas las posturas demandan el mismo nivel de esfuerzo. Algunas implican un mayor esfuerzo del tren superior. Cuando el peso del cuerpo recae sobre los brazos, se activan hombros, espalda y abdomen, que cumple un rol clave para estabilizar el movimiento. En otros casos, el foco está puesto en el core. Las posiciones cara a cara, en las que una persona se mantiene sentada mientras la otra se mueve, requieren equilibrio y control corporal, lo que genera un trabajo sostenido de la zona abdominal.
También hay posturas que ponen en juego la parte baja del cuerpo. Las que implican elevación o sostén de la pelvis activan glúteos, muslos internos y suelo pélvico, una musculatura central tanto para la salud como para la respuesta sexual. Cuando el encuentro se da de pie o con apoyo contra una pared, la exigencia se traslada a las piernas. En esos casos, cuádriceps y glúteos trabajan para sostener el peso corporal, mientras la coordinación entre ambas personas suma intensidad al movimiento.
Al mismo tiempo, no todas las posiciones involucran esfuerzo. Algunas permiten bajar el ritmo, relajar la musculatura y favorecer la movilidad, y funcionan como una pausa dentro del encuentro.
¿Puede el sexo complementar una rutina de ejercicio? Aunque diversas posiciones implican movimiento y activación muscular, Lombardía insiste en que el sexo no debe pensarse como un reemplazo al ejercicio físico tradicional. “El sexo puede tener ciertos beneficios físicos, como la mejora de la circulación o la activación muscular, pero no sustituye a una rutina de ejercicio estructurada. Su intensidad y duración son muy variables y no están orientadas a generar un impacto significativo en la condición física”, explica. En ese sentido, puede pensarse más como un complemento dentro del bienestar general que como una práctica deportiva en sí misma.
La especialista también advierte sobre el riesgo de trasladar al sexo una lógica de rendimiento o exigencia física. “Entender sus posibles beneficios puede ser curioso y divertido, pero es importante no tergiversar su finalidad: el objetivo último del sexo es el disfrute, no convertirlo en una práctica deportiva que nos agote o nos aleje del placer”. En la misma línea, remarca que no se trata de medir el desempeño ni de cumplir con determinadas capacidades: “No se trata de hacerlo ‘mejor’ en términos físicos, sino de habitar el cuerpo con más conciencia y conexión”. Y agrega: “De hecho, una de las cosas más valiosas es precisamente esa conexión con el propio cuerpo y la comunicación con la pareja, que no dependen de la forma física”.
