La médica especializada en dermatología detalló los cuidados recomendados para la piel a partir de los 40 años, haciendo hincapié en la fotoprotección diaria, la limpieza y la hidratación, y advirtió sobre los errores más comunes en las rutinas de cuidado.
Julieta Picos, médica dermatóloga (MN 134.767), explicó en diálogo con LA NACION que a partir de los 40 años la piel experimenta cambios naturales vinculados al envejecimiento, como la disminución de la producción de colágeno y elastina, la reducción de la capacidad de retener agua y modificaciones en la función de la barrera cutánea. Estos cambios pueden derivar en piel más seca, menor luminosidad, pérdida de firmeza y aparición de líneas de expresión, así como en la manifestación del daño solar acumulado.
Picos sostuvo que no existe un único tipo de envejecimiento cutáneo, ya que influyen factores genéticos, la exposición solar, el tabaquismo, el estrés, el descanso, la alimentación y los cuidados previos. «Por eso, a los 40 no hay una receta universal: hay que evaluar qué necesita cada piel», afirmó.
La especialista recomendó tres pilares fundamentales: limpieza, hidratación y fotoprotección. En primer lugar, señaló la importancia de la fotoprotección diaria, no limitada a la playa o el verano, debido a que la exposición acumulada a la radiación ultravioleta es uno de los principales factores relacionados con el fotoenvejecimiento. En segundo lugar, indicó mantener una rutina sencilla y constante de limpieza, hidratación y activos seleccionados según las necesidades de cada piel, como retinoides, antioxidantes o ácidos, aunque no necesariamente para todas las personas. En tercer lugar, mencionó que dormir bien, no fumar, mantener una alimentación equilibrada, hidratarse y realizar actividad física también forman parte del cuidado de la piel.
Consultada sobre los productos básicos, Picos recomendó simplificar la rutina en tres pasos: limpieza, hidratación y fotoprotección, e incorporar activos específicos según los objetivos, el tipo de piel, la tolerancia y las necesidades individuales. «Mi recomendación es no caer en la idea de que una rutina más larga es necesariamente una rutina mejor. Muchas veces, una rutina sencilla, bien indicada y sostenida en el tiempo es mucho más efectiva que incorporar diez productos sin una estrategia», argumentó.
Respecto de la expectativa de resultados inmediatos, la dermatóloga advirtió que la piel necesita tiempo. «Uno de los errores más frecuentes es esperar cambios importantes en pocos días y abandonar un tratamiento antes de que pueda demostrar su efecto», dijo, y agregó que los tiempos dependen del objetivo y del tratamiento: una buena hidratación puede mejorar la sensación y el aspecto de la piel relativamente rápido, mientras que los tratamientos para estimular colágeno o mejorar manchas, textura y arrugas requieren varias semanas o incluso meses.
Finalmente, Picos se refirió al concepto de piel sana y desmitificó la idea de una piel ideal sin arrugas ni poros. «Una piel saludable es, fundamentalmente, una piel cuya barrera funciona adecuadamente, que no presenta inflamación persistente, que está correctamente hidratada y protegida del sol y que se encuentra acorde a las características y necesidades de esa persona. Los poros existen, las líneas de expresión existen y las pequeñas imperfecciones también forman parte de una piel real», concluyó, e insistió en la importancia de realizarse un chequeo anual con un dermatólogo.
