La demanda global de soja y sus derivados se mantiene elevada, pero la calidad del grano argentino registra una disminución desde la campaña 1997/98, según un análisis del sector. La falta de garantías para el cobro de regalías por eventos biotecnológicos y las retenciones a las exportaciones inciden en la inversión y en los rindes.
La demanda mundial de productos del complejo sojero —harina, aceite, biodiésel y poroto en bruto— se mantiene en aumento, de acuerdo con un informe sectorial. La industrialización en origen reduce costos de flete al eliminar el transporte de la humedad natural del poroto y de los desperdicios, lo que explica la preferencia del mercado internacional por los derivados.
En el caso del biodiésel, el informe señala que su producción mitiga la dependencia de la importación de combustibles tradicionales y que la correlación de precios entre el barril de crudo (Brent/WTI) y los aceites vegetales presenta un panorama favorable.
La demanda de soja también responde a su alto contenido proteico, insumo clave para la producción de carne. El consumo de este alimento crece, especialmente en Asia y en países de ingresos medios y bajos, impulsado por el crecimiento demográfico, la urbanización y la mejora de ingresos. El informe indica que, al elevarse el ingreso per cápita, la dieta incorpora más proteínas animales.
No obstante, el documento sostiene que la Argentina no está aprovechando esta tendencia global. El contenido proteico del grano, medido como porcentaje sobre base seca, muestra una caída desde la campaña 1997/98 hasta la actualidad. Esa merma eleva los costos, afecta el acceso a mercados y penaliza la exportación de harina, lo que se traduce en un menor precio final para el productor.
Entre las causas, el informe menciona la correlación negativa natural entre el rendimiento en kilos y la calidad proteica. A ello suma que, ante la falta de garantías jurídicas para el cobro de regalías por eventos biotecnológicos, las empresas del sector retrasan o cancelan el lanzamiento de nuevas semillas en el país. El llamado “uso propio” no certificado alivia el costo del productor en el corto plazo, pero frena la inversión privada y la investigación genética, según el texto.
Respecto del sistema impositivo, el informe atribuye a las retenciones a las exportaciones el mayor peso en la menor inversión, al considerar que los derechos de exportación inducen a recortar la inversión tecnológica. Añade que la imprevisibilidad de las alícuotas supedita la rentabilidad empresarial a los cambios de rumbo del gobierno de turno y a las presiones sectoriales.
El texto concluye que, si bien la búsqueda del superávit fiscal es una meta para reducir la inflación, corresponde visibilizar el sacrificio que ese proceso exige al sector.
El autor es economista.
