El club anunció intenciones de modernizar su estructura, pero las diferencias económicas y la falta de garantías sobre la autonomía laboral frenaron la llegada del directivo español Pablo Longoria.
Pablo Longoria, nacido en Oviedo hace 39 años, no asumió como director deportivo de River Plate debido a una falta de acuerdo en las condiciones de autonomía laboral y desacuerdos económicos finales. Aunque el club anunció intenciones de modernizar su estructura, las trabas internas y la falta de garantías para implementar un modelo de gestión europea habrían provocado el estancamiento de las negociaciones, dejando el cargo vacante.
Longoria construyó una carrera meteórica que lo llevó de ser un entusiasta del PC Fútbol (lo que le valió el apodo de «el niño de la Play») a comandar instituciones de jerarquía. Su trayectoria incluye pasos por Newcastle, Atalanta, Sassuolo y Juventus, donde se especializó en la detección de talentos y la gestión de planteles competitivos.
¿Qué pasó? La respuesta es tan frustrante como el presente del equipo en la cancha. A pesar de los contactos iniciales y el visto bueno del español, las diferencias económicas y, sobre todo, la falta de garantías sobre la autonomía que tendría en sus funciones, frenaron todo. En Núñez, parece que sigue pesando más la política interna que la capacidad de gestión de un profesional de élite.
Lo que prometía ser el «salto de calidad» definitivo para dejar atrás el amiguismo, hoy se percibe como una opereta mal ejecutada. Longoria, acostumbrado a las estructuras serias de Europa, se habría encontrado con un escenario donde las decisiones siguen centralizadas en el círculo íntimo de siempre. El silencio de la cúpula dirigencial es ensordecedor. River necesita un director deportivo con peso propio que ponga orden, pero no se puede atraer a figuras internacionales si no hay un plan serio detrás.
River buscará volver al triunfo en el Monumental ante un golpeado Aldosivi.
