viernes, 30 octubre, 2026
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Economista analiza por qué la inflación baja pero los salarios no se recuperan

Federico Pastrana explicó en Modo Fontevecchia que el tope oficial a las paritarias deprime el consumo y advirtió que el empleo privado registrado acumula 14 meses de contracción.

En una nueva emisión de Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), el economista Federico Pastrana analizó las causas del estancamiento salarial y el ingreso de la economía en una fase recesiva pese a la calma cambiaria. El especialista explicó cómo el tope oficial a las paritarias deprime el consumo y advirtió que el empleo privado registrado acumula 14 meses seguidos de contracción con pérdidas de ingresos.

Federico Pastrana es licenciado y magíster en Economía por la Universidad de Buenos Aires y especialista en macroeconomía, dinámica de precios, salarios y mercado de trabajo. Actualmente se desempeña como codirector de CP Consultora, una firma especializada en análisis económico. Ocupó cargos de relevancia macrofinanciera, destacando su labor en la Subsecretaría de Estudios Laborales del Ministerio de Trabajo. Además, ejerció la presidencia del Banco de Inversión y Comercio Exterior y formó parte del centro de investigación Fundar hasta fines de 2025, donde profundizó el análisis de las paritarias, la negociación colectiva y el diseño de políticas laborales.

—¿Cómo estás? Bienvenido a Modo Fontevecchia.

—Muy bien.

—Hablemos un poco del mercado laboral. Te contaba que nos reíamos estudiando un poquito tus tweets para estar informados, y comentabas esta dinámica donde la desinflación no está trayendo consigo una mejora de la situación de los asalariados. ¿Querés darnos un poco más de detalle de qué es lo que está pasando?

—Sí, bueno, a ver: el Gobierno tiene una apuesta fundamental. Básicamente el Gobierno hoy está sentado sobre una situación que es complicada, que es una situación en donde la economía está entrando en recesión. Y efectivamente está entrando en recesión porque creemos nosotros, desde la consultora, que está relacionado con las características del programa económico. Hoy se dan paradojas que en general no se dan habitualmente; son cuestiones que son anormales, anomalías. Primero, que Argentina tiene un shock de términos de intercambio: o sea, tiene muchos dólares, pero la economía no crece. Y lo otro que pasa es que vos tenés calma cambiaria y, sin embargo, el salario real no se recupera, sino que más bien cayó durante un tiempo y hoy está consolidado abajo; la recuperación es muy chiquita. Entonces vos decís: «Che, ¿qué está pasando en Argentina?». Porque Argentina, cuando tiene crisis, siempre tiene devaluaciones, tiene problemas con los dólares. Y ahora hay un montón de dólares, el Banco Central acumula reservas, pero la economía está planchada y los salarios —que en general caen en el marco de devaluaciones— «che no hay una devaluación». Entonces vos decís: «Che, ¿qué está pasando?». Bueno, efectivamente lo que pasó es que el año pasado se aceleró mucho la inflación, y el programa económico actual tiene una apuesta muy grande, que es la apuesta a la desinflación —es decir, que vaya bajando la inflación—, y es el principal activo del Gobierno. Ese activo y esa política, que es orientar toda la macro a que baje la inflación, en 2024, como nos acordaremos, tuvo un efecto grande. Y efectivamente la economía se recuperó en términos de V corta; en su momento, Milei le puso un adjetivo muy claro, que era la recuperación «como pedo de buzo».

—La tendencia subacuática.

—¿Se acuerdan? Bueno, entonces, efectivamente una parte de la economía se recuperó, ¿no? Y cuando uno ve los salarios del sector privado, se recuperaron en V corta, hubo una recuperación muy grande, y eso fue por la desinflación. ¿Qué pasaba? Claro, las paritarias iban al 8% y la inflación de repente bajó al 4%, con lo cual hubo una recuperación muy grande porque las paritarias iban con la inflación pasada y la inflación bajó mucho. Bueno, ¿qué es lo que pasó en 2025? En 2025 el Gobierno dijo: «Vamos a seguir bajando la inflación, vamos a apretar el ancla salarial». Y lo que hizo fue coordinar las paritarias y decirles a los gremios y a las empresas: «Negocien cada vez más abajo». Y eso lo que llevó —si quieren pongan el gráfico de barras con la línea roja— fue a bajar cada vez más la nominalidad de las paritarias; es decir, las negociaciones salariales quedaban cada vez más por debajo, en una apuesta en donde la inflación tenía que bajar a entre el 1,5 y el 1%, llegando al corolario más claro, que fue la paritaria de Comercio en la segunda parte de 2025, que negoció al 1% por mes.

Claro, como bien sabés, la inflación no fue ni de 1% ni menos, sino que más bien estuvo arriba del 2% y fue cada vez más alta; lo mínimo a lo que llegó fue en torno al 1,5%. Pero mes a mes, ¿qué pasaba? La paritaria de Comercio y otras paritarias negociaron muy por debajo y quedaron muy por debajo. Entonces, claro, el ancla salarial se hizo cada vez más fuerte y ese, si se quiere, es uno de los principales responsables de que el consumo no levante y la demanda agregada no levante. Entonces vos decís: bueno, pero eso pasó porque efectivamente —ahí lo tenemos, fíjense las barras amarillas— en 2025 quedaron permanentemente debajo de esa línea roja. Y fíjense lo que pasa después: la línea roja baja, que son los últimos meses en los que efectivamente bajó la inflación, pero fíjense que las barras amarillas no quedan todo el tiempo arriba, sino que sigue habiendo una pauta salarial muy fuerte que lo que hace es que, a pesar de que baja la inflación, los salarios no se recuperen. Los salarios hoy se están negociando entre el 1,6 y el 1,9%. Y si la inflación queda arriba de ese 1,9%, los salarios van a seguir cayendo; y si queda más o menos en promedio, van a quedar estancados en ese nivel.

—Pero es un juego tautológico, porque si tu ancla inflacionaria son los salarios —o una de tus anclas—, entonces por definición vos no querés que suban.

—Ahí está uno de los juegos de la política de estabilización de este Gobierno: si una de las características del programa económico es anclar salarios para que baje la inflación y, aunque vos ancles salarios, la inflación no termina de bajar, tenés un problema grande, que es que vos estás recesionando la economía —o sea, tenés costos de estabilización muy grandes— y la inflación no baja. Y entonces ahí es donde está encerrado el programa económico; es uno de los grandes problemas del programa económico, aunque no es el único. El otro problema grande es que tiene un ancla cambiaria, pero el ancla cambiaria no es efectiva como lo fue en otro momento: entonces tenés calma cambiaria —de hecho, la variación del tipo de cambio nominal mes a mes queda por debajo de la inflación—, pero la inflación no termina de bajar. Entonces el Gobierno está encerrado en una desinflación que no termina de ocurrir, porque la desinflación tiene que ser más grande —o sea, la inflación tiene que quedar entre el 0,5 y el 1%— para que los salarios crezcan y para que el gasto fiscal afloje un poco, que es la otra ancla del programa, el ajuste del gasto, y eso no ocurre. Entonces el programa queda encerrado en una espiral, si se quiere, recesiva.

—El riesgo país se acerca a los 780 puntos en medio de una caída generalizada de acciones y bonos. Ahora, el argumento de Milei es que cualquier alternativa sería echarle leña al fuego inflacionario: que habiendo hecho el trabajo arduo de traer la inflación hasta donde la logró traer —más allá de que se le está repuntando un poco—, aflojar de la manera que sea alguna de estas anclas implicaría algún nivel de rebrote inflacionario, y eso sería todavía más nocivo a largo plazo. ¿Cuál sería tu respuesta a eso?

—Mirá, a mí me hace acordar a lo que pasaba en otros momentos con otros gobiernos. Fijate qué interesante que todos los gobiernos, cuando se ven encerrados, dicen: «No hay alternativa, la mejor es la mía». Y nunca queda claro que la mejor sea esa, sino que cada elección de política económica tiene sus costos. Ahora, el hecho de que uno, por ejemplo, suba los salarios al 2,5%, ¿implica que la inflación se va a ir al 2,5%? La verdad es que nada lo garantiza si la inflación no está relacionada con los salarios. Ahora, si la inflación no está relacionada con los salarios, bueno, los salarios reales probablemente crezcan un poco. Pero si toda la política económica está orientada a bajar la inflación y fracasa, ¿vos qué hacés? Muchos gobiernos dicen: «Che, no, esto es lo mejor que podemos hacer, seguimos igual». Y la economía empeora, empeora y empeora, y se quedan encerrados en su propia receta o en su propia política económica porque creen que lo otro es peor. Yo la verdad es que creo que cada política económica tiene sus costos y sus beneficios. Cada vez más este programa económico muestra que está agotado, que tiene síntomas de agotamiento porque la recesión no frena. Y lo más probable es que no vaya a frenar, porque justamente las anclas que en otro momento no fueron recesivas hoy son recesivas. Entonces, acá tenés que reconfigurar la política fiscal y algo de la salarial para que la economía no siga hundiéndose, salvo que efectivamente la inflación baje contundentemente, cosa que la realidad está mostrando que es muy difícil y, por lo tanto, el programa tiene elevados costos.

—Igual, si bajara muy contundentemente y termina todo el mundo desempleado y sin poder acceder inclusive a las canastas básicas, entonces tampoco es muy lógico bajar la inflación hasta ese punto, ¿no? Y después está quizás un aliciente —no falaz, pero parcial— para el Gobierno, que quizás mira números macroeconómicos que dan positivo por los sectores extractivistas. Yo decía antes, un poco jugando con la idea, que si el RIGI es una de las pocas políticas que parece que le está dando resultado económicamente al Gobierno —que es una política de desarrollo, más allá de que el Gobierno dice que está en contra de la política de desarrollo—, quizás tendría que inventar, sin que el mecanismo sea similar pero sí como concepto, el «RIGI del empleo y del salario». O sea, ¿qué medidas concretas podría tomar para apuntalar el empleo y el salario, que creo que es de lo que estamos hablando?

—Sí, a ver, me parece que acá hay una cuestión más profunda. Da la impresión de que no es que el Gobierno no hizo nada: hizo cosas relacionadas con su mirada. Y una de las cosas que hizo fue, por ejemplo, bajar la tasa de interés. Entonces, no es que el Gobierno no hizo una política monetaria más laxa para que la economía empiece a levantar un poco: lo hizo. ¿Y qué pasó? Nada. ¿Por qué? Porque las familias están endeudadas. Y después de eso, cuando vos ves que la baja de la tasa de interés no expande la economía porque el crédito no sube, ¿qué hacés? Nada. Bueno, te quedaste encerrado en tu propio programa. Efectivamente fuiste algo laxo, pero no funciona. ¿Qué hacés? «¿Un programa de refinanciamiento? No, no vamos a hacer eso». En estos términos es parecido: «Mirá, mi priorización es la inflación, entonces no voy a poner nada en juego, voy a seguir desinflando con este mecanismo y listo». Entonces, ¿por qué el Gobierno va a flexibilizar el ancla salarial si cree que es inflacionaria? No lo va a hacer, no tiene mucho sentido para ellos. Algo parecido pasa con la política fiscal. Si resignara algunos puntos —o décimas de punto, te diría— de superávit fiscal, para el Gobierno es inflacionario, cosa que en términos teóricos no hay ningún libro que lo diga. Ningún libro dice que si vos resignás algunos puntos de superávit fiscal la economía se desborda; eso no está en ningún lado. Pero el Gobierno lo cree y dice que hay que mantener férreo el gasto fiscal: «Mirá, la recaudación está cayendo, entonces el gasto va a seguir cayendo». Una política lógica y obvia es ver que el bono que cobra la jubilación mínima está en 70.000 pesos desde hace dos años y medio, y en el medio hubo mucha inflación. La licuación de ese bono está siendo uno de los factores responsables de que se hunda permanentemente el gasto previsional, y vos ves que cada vez más se abre la brecha entre las jubilaciones medias y máximas respecto a la jubilación mínima. El Gobierno decidió explícitamente no tocar eso y usar ese instrumento como ajuste fiscal en el marco de la caída de la recaudación. ¿Vos creés que el Gobierno no tiene en carpeta o no tiene la opción de hacerlo? Tiene la opción de hacerlo, pero cree que no hay que hacerlo porque son dos cosas que no hay que tocar: la política fiscal y cualquier cosa que ponga en riesgo el objetivo desinflacionario. Y ahí está el programa. Entonces, uno puede pensar: «Hay que hacer un RIGI del empleo y el salario». Bueno, lo pueden hacer, pero están eligiendo ir por otro camino que tiene que ver con las características más férreas del programa económico: no resignar el objetivo desinflacionario y no resignar el superávit fiscal. Ahí estás: «No voy a devaluar, obviamente, porque es inflacionario; entonces mantengo el ancla cambiaria y trato con la política monetaria». El Gobierno está bien firme en esa decisión hasta el momento, por supuesto, y yo creo que ahí queda cada vez más evidente dónde está esa tendencia recesiva del programa, ¿no?

—Los alimentos acumulan ocho semanas de aumentos pese a que la inflación mensual cayó al 2,7%. Se dice —no te va a gustar por dónde te llevo, pero no importa— que hay tensión entre los que están formulando la política económica del Gobierno porque no coinciden del todo con el Presidente en el dogmatismo de algunas de estas cuestiones. Empezaron a circular rumores, desmentidos en varios casos, sobre «Toto» Caputo, que igual tiene antecedentes de rajarse en el medio del quilombo; por lo menos así fue en la gestión de Macri. ¿Qué lectura hacés como economista y hablando con tus colegas —sin entrar en la rosca política per se— sobre la posibilidad de que el equipo económico pueda convencer al Presidente? Entiendo que lo que se dice es que el equipo económico plantea algunas de estas cosas de cómo reactivamos o cómo mejoramos, y que chocan contra un dogmatismo. ¿Tenés alguna presunción de que puede pasar algo ahí o ves que van a seguir en esta?

—Lo que pasa, Agustino, es que uno piensa muchas veces que se puede cambiar; entonces no entra en la cabeza la idea de que no se quiera cambiar. A ver, te lo planteo así: ¿vos pondrías en juego la estabilidad de los precios de cara a la elección?

—Y, probablemente no.

—Bueno, entonces, si viene el Presidente y te dice: «Mirá, vos me estás planteando que yo tengo que poner en juego mi principal capital político; explicame por qué lo tengo que hacer. Convenceme. Dale, a ver qué tenemos que hacer, cuáles son las opciones que me decís». «Bueno, flexibilicemos la política monetaria». «Bueno, dale, intentalo, hacelo». Y lo hicieron y no funcionó. «Che, pongamos plata en la calle». «No, esto no. Y esto otro que puede ponerlo en juego, tampoco». Entonces, no es que haya una cuestión de dogmatismo contra pragmatismo. Yo creo que hay una cuestión más en el corazón de la política económica y en el corazón de cómo quiere llegar el Presidente a la elección. Y el Presidente dice: «Yo quiero llegar con mi capital político bien férreo a toda costa». Y no es una elección irracional, tiene una racionalidad: lo mejor y lo más claro que logró el Gobierno fue bajar la inflación, y quiere seguir bajándola cueste lo que cueste, con los costos reales que tenga. Además, él ve los números y dice que no es que la economía se está derrumbando —y esto es fundamental: no está derrumbándose al 8 o 10%, sino que está entrando en recesión—. Como bien decís, vos abrís los indicadores de actividad y te encontrás con varias realidades distintas, en donde esos promedios están contaminados sobre todo por los sectores primarios que van creciendo mucho. Otro argumento oficial: «Yo no veo que la tasa de desempleo esté subiendo tanto, entonces me quedo tranquilo; hasta que no suba la tasa de desempleo, no me vengas con grandes cosas, no pasa nada». Entonces, hay varios indicios que hacen que el Presidente diga: «Mirá, a mí no me muevas de acá; después, cuando haya grandes problemas, nos movemos, pero ahora estamos más o menos bien». Y uno como analista dice: no, mirá, cuando yo miro los indicadores de actividad, efectivamente tenés realidades muy distintas. Cuando miro los números de empleo formal, me encuentro con un sector privado que se está contrayendo: hace 14 meses sin parar que el nivel de empleo formal del sector privado está cayendo, más de lo que cayó el empleo formal en el 2018-2019. Con lo cual tenés una crisis con una acumulación de la caída del empleo formal muy fuerte.

Obviamente, en los primeros meses o en el primer tiempo la informalidad logra incorporar trabajadores —imperfectamente y con grandes quilombos, pero los logra incorporar—. Pero en los últimos números yo te estoy diciendo: «Che, no, el desempleo aumenta». ¿Por qué? Porque hay más gente que se incorpora a buscar: no es solamente la gente que pierde el empleo formal, sino que la situación socioeconómica empeora y, por lo tanto, hay más gente buscando trabajo que no lo consigue. Y después está la informalidad, que tiene los problemas de siempre pero que el Gobierno logra invisibilizar: básicamente, la informalidad es casi en todos los puestos de trabajo menor productividad y, por lo tanto, menores ingresos. Nosotros hicimos un estudio de datos de panel, es decir, agarramos a los trabajadores que hace un año tenían empleo formal en el sector privado y vimos qué les pasó a sus ingresos cuando pasaron a un empleo por cuenta propia, en casos concretos y reales.

—¿Cuáles eran los empleos que conseguían?

—Por cuenta propia, en general, donde la gran mayoría son informales.

—¿Pero qué tareas?

—No tenés la descripción de tareas, agarramos el conjunto de todos los trabajadores; en general los trabajadores buscan cerca de su sector, y algunos lo consiguen y otros no. Estamos hablando de una masa de trabajadores relevante, y el estudio te dice que esos trabajadores perdieron un 30% de su ingreso. Entonces, estos cuentapropistas nuevos que salen del empleo registrado privado —donde tenían vacaciones, aguinaldo, licencias por enfermedad, etcétera—, cuando vos ves el ingreso que terminan cobrando, tienen un ingreso un 30% menor. Entonces, lo primero que salta es que en el mercado de trabajo vos ves los indicadores de desempleo, pero esos indicadores en general no te están dando toda la complejidad que hay detrás. Y una de las complejidades que hay detrás es que los ingresos están cayendo, y esa es otra de las explicaciones de la recesión. No es solamente que la desinflación no alcanza por los efectos en el sector formal y las paritarias, y no es solamente el ajuste del gasto fiscal, sino que las transformaciones hacia adentro del mercado de trabajo están implicando que la gente consigue trabajos con menos ingresos y, por lo tanto, consume menos, lo que da una dinámica mucho más pobre en términos del bienestar de los hogares.

—Sí, yo intuyo que es un mix cuando le traen a Milei las opciones y él dice: «Tengo elecciones, entonces no me la voy a jugar con el índice de precios». Creo que hay un porcentaje donde realmente él conoce una sola parte de la realidad. Entonces, cuando dice la estupidez de «quien no llega a fin de mes» —que no podés pasar diez días sin comer y estar vivo—, obviamente, Presidente, nadie está diciendo eso: cuando se dice que no se llega a fin de mes se está hablando de otra cosa. Él entra en una chicana académica que podría valer en un ámbito universitario, pero no cuando estás hablando de todos los argentinos. Creo que hay otra parte de cómo él lee los números —porque los lee un poco distinto, lo que seguramente le dio alguna ventaja competitiva como economista, pero hoy lo tenés que leer contemplando que no es un Excel—, y creo que otra parte es una decisión política, como decís vos. Ahora, nos cuentan muchos analistas que obviamente depende el momento en el que llega la elección pero en algunos casos se vota con el bolsillo, en otros casos se votan con los problemas no económicos cercanos a uno y en otros casos se vota por convicción política o por acercamiento. Parecería que si vos para bajar la inflación matás al paciente, te estás comprando un quilombo de cara a las elecciones también. Para redondear la idea: si vos tuvieras que proponer alguna política apuntando específicamente al tema salarial y de empleo, ¿por dónde la encararías? ¿Qué le recomendarías al Presidente?

—Fijate —podemos volver al gráfico de las barras— que, de hecho, algo pasó, así como te dije de la política monetaria. No es que el Gobierno no hace nada, sino que hace cosas que son poco efectivas. Cuando vos ves la dinámica salarial fijate que los gremios y las cámaras no están negociando al 1% como pasaba en ese segundo semestre del 2025: estás en otra nominalidad, fijate que estas en el 1,9 a 2, con lo cual ahí ni hablar, entre el 1 y el 2 hay una diferencia grande en terminos de flexibilización de esa pauta salarial o de a dónde van esas negociaciones, pero que la pauta existe, existe, porque vos ves a los gremios negiociando en un marco muy chiquitito que es entre el 1,6 y el 1,9%.

Ahora, fijate qué interesante que en algunas barras supera y queda más arriba de ese 1,9%. ¿Y qué es lo que pasa? Bueno, lo que pasa es que hay una proliferación de las sumas fijas. Cuando uno hace el cálculo de lo que pasaba hace dos años y lo que pasa hoy, cerca del 90% de los gremios tienen sumas fijas. ¿Qué es lo que pasó? Que el Gobierno flexibilizó de alguna forma esas sumas fijas y dijo: «Bueno, mirá, la pauta, por favor, el porcentaje dejalo acá, pero te habilito a que hagas sumas fijas; anden y negocien sumas fijas». Y algunos gremios negocian una suma fija que se incorpora adentro del básico, con lo cual termina siendo una suma fija proporcional, o sea, es un porcentaje.

—Siempre es un porcentaje. Después se da de distintas formas.

—A veces es más porcentaje y a veces no, depende de si se incorpora en todos los básicos de todas las categorías o si se incorpora como un número exacto igual en todas las categorías. Hay muchos que empiezan a poner sumas fijas proporcionales, y hay uno que lo hace sistemáticamente, que es Camioneros: cada tres meses Camioneros hace una suma fija compensatoria, y el Gobierno lo deja pasar y lo homologa en varios lados. Entonces, ¿qué está pasando? Que los gremios que tienen capacidad negocian y efectivamente consiguen sumas fijas más altas. Fijate ahí que tenemos, por ejemplo, que Comercio negoció 25.000 pesos —que es una suma fija extraordinaria y no se mete en el básico—, mientras que cuando ves Camioneros es el 1,1% del total. Con lo cual, lo que te estoy diciendo es que la realidad de las negociaciones salariales muestra que algo se flexibilizó, porque el porcentaje ya no es 1% sino casi 2% —o sea que si la inflación se estaciona en 2% vas a tener estancamiento, pero no sigue cayendo permanentemente—, y lo otro es que hay sumas fijas que actúan como alguna forma compensatoria en algunos gremios, aunque en otros es muy poquito y se queda muy por abajo. ¿Cuál es la lógica? Las sumas fijas son una forma de recuperación salarial. Ahora, ¿cuál es el problema? Que las sumas fijas tienen patas cortas. ¿Por qué? Porque vos ponés la suma fija en un mes, el salario salta en ese mes, pero después necesitás que en los otros meses también haya aumento, porque si después vienen aumentos del 1,6% y la inflación es del 2%, volvés a perder. ¿Qué decimos nosotros? Que la pauta es demasiado baja. ¿Qué puede hacer el Gobierno? Flexibilizar la pauta salarial, aumentarla un poco —que no esté en el 2%, sino dejarla un poco más arriba— y manejar la suma fija con muchísima más flexibilidad para que eso permita recuperaciones más consistentes. Si al mismo tiempo hay una desinflación un poco más grande, ahí tenés un mecanismo expansivo que puede traer un poco de alivio. Básicamente está ahí el resorte de la política salarial. Hoy lo que vemos es que la heterogeneidad es muy grande, que esas sumas fijas no son del todo importantes para que haya una recuperación, y ahí es donde están encerrados la política salarial del Gobierno y el programa económico, porque obviamente la política salarial es muy importante para definir el consumo de los hogares.

—Federico, clarísimo todo. Te agradecemos tu tiempo hoy en Modo Fontevecchia y seguiremos este debate porque hay muchas aristas más que no llegamos a tocar hoy. Muchas gracias.

—Muchas gracias por invitarme.

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