Un estudio global revela que el 80% de los argentinos utiliza inteligencia artificial en su vida cotidiana, aunque más de la mitad expresa dudas sobre la veracidad de los datos que genera.
Mientras el Gobierno nacional impulsa políticas para posicionar a Argentina como un polo global de desarrollo de inteligencia artificial (IA), una encuesta internacional muestra que la sociedad ya adoptó masivamente estas herramientas, aunque persisten niveles significativos de desconfianza.
El presidente Javier Milei defendió esta semana, en una columna publicada en el diario Financial Times, la necesidad de mantener a la IA libre de regulaciones prematuras y anunció iniciativas para atraer inversiones tecnológicas mediante beneficios fiscales y marcos jurídicos especiales, similares al denominado «Súper RIGI».
En paralelo, la segunda edición del WIN World AI Index 2026, elaborada por la consultora Voices! y la red WIN, indica que el 80% de los argentinos ya utiliza inteligencia artificial. El dato posiciona al país entre los de mayor adopción a nivel global. Sin embargo, solo el 46% confía en la información que producen sistemas como ChatGPT, Copilot o Claude, mientras que el 54% manifiesta dudas o desconfianza.
«La adopción tecnológica está avanzando más rápido que la legitimidad cultural», declaró Constanza Cilley, directora ejecutiva de Voices!, al analizar los resultados.
En cuanto a productividad, el 54% de los encuestados considera que la IA los vuelve más eficientes, un porcentaje inferior al promedio global. Además, solo el 38% afirma sentirse alentado por su entorno a utilizar estas tecnologías.
Los temores más extendidos son la desinformación (58% cree que la IA puede crear y difundir información falsa, cifra que asciende al 62% entre mujeres) y la posibilidad de reemplazo de puestos de trabajo (54%). El 50% también manifiesta preocupación por problemas de seguridad.
El estudio también revela un uso emergente de la IA como interlocutor emocional: el 31% de los argentinos asegura haber conversado con sistemas de IA para desahogarse o pedir consejos personales. Entre los jóvenes de 16 a 24 años, la cifra alcanza el 40%, y entre quienes trabajan de manera remota, el 44%.
«La tecnología ya no solo organiza tareas o responde preguntas: empieza también a ocupar funciones tradicionalmente humanas, como escuchar, acompañar o conversar», señaló Cilley.
