El 27 de mayo de 1962, una quema de basura municipal desató un incendio en una veta de carbón antracita bajo el pueblo de Centralia, Pensilvania. El fuego continúa activo a más de 90 metros de profundidad y se estima que arderá por al menos 250 años.
El 27 de mayo de 1962, el municipio de Centralia, en Pensilvania, inició una quema de basura en una antigua fosa minera a cielo abierto. El objetivo era eliminar desechos acumulados antes del Día de los Caídos. Sin embargo, el fuego encendió una veta subterránea de carbón antracita y, pese a los esfuerzos de los bomberos, el incendio no pudo ser extinguido.
En los años siguientes, el monóxido de carbono comenzó a filtrarse en sótanos y viviendas. En 1979, John Coddington, dueño de la estación de servicio local, descubrió que el combustible de sus tanques subterráneos hervía a 78 °C. En 1981, un niño de 12 años, Todd Domboski, cayó en un socavón de 45 metros de profundidad que expulsaba humo tóxico; su primo lo rescató.
El gobierno federal intervino tras el incidente. Los estudios determinaron que extinguir el fuego costaría cientos de millones de dólares, superando el valor de reubicar a los habitantes. En 1992, se decretaron expropiaciones obligatorias. En 2013, el “Acuerdo de Vida” permitió a los últimos siete residentes permanecer hasta su muerte. Actualmente, cuatro personas viven en el pueblo.
La Ruta 61, que atravesaba Centralia, se deformó por el calor y los hundimientos. El tramo clausurado fue conocido como “Graffiti Highway” hasta que fue cubierto con tierra en 2020. La Iglesia Católica Ucraniana de la Asunción de la Santísima Virgen María se mantiene en pie sobre una colina de roca sólida, ajena a las vetas de carbón.
El incendio subterráneo avanza a un ritmo de 23 metros por año y ya afecta más de 15 kilómetros cuadrados. Se estima que el fuego continuará activo durante al menos 250 años.
