Con la llegada de los meses cálidos, los supermercados se llenan de albaricoques, una fruta de temporada que, según la Fundación Española de la Nutrición, destaca por su bajo aporte calórico, su contenido en fibra y su riqueza en betacarotenos y potasio.
Con la llegada de los meses cálidos, los supermercados españoles vuelven a llenarse de una de las frutas más características de la temporada: el albaricoque. Más allá de su sabor dulce y su versatilidad en la cocina, los especialistas en nutrición destacan las propiedades beneficiosas de esta fruta para la salud, especialmente por su bajo aporte calórico y su riqueza en compuestos antioxidantes.
Según la Fundación Española de la Nutrición (FEN), el albaricoque destaca por contener una elevada proporción de agua (casi un 88 % de su composición) y una cantidad moderada de hidratos de carbono, lo que se traduce en un aporte energético reducido. En concreto, 100 gramos de esta fruta aportan unas 45 kilocalorías, una cifra muy inferior a la de otros alimentos dulces habituales en la dieta diaria.
Los expertos consideran que este perfil nutricional convierte a esta fruta en una opción interesante para quienes buscan mantener una alimentación equilibrada o controlar el peso sin renunciar al consumo de fruta fresca. Además, una ración habitual de unos 200 gramos proporciona cerca de 4,2 gramos de fibra, un componente esencial para favorecer el tránsito intestinal y aumentar la sensación de saciedad.
Otro de los grandes valores nutricionales del albaricoque es su contenido en betacarotenos, pigmentos naturales responsables de su color anaranjado. El organismo transforma estos compuestos en vitamina A según sus necesidades. Esta vitamina desempeña un papel fundamental en el mantenimiento de la visión, el cuidado de la piel y el correcto funcionamiento del sistema inmunitario.
El albaricoque, aliado contra el envejecimiento de las células
La presencia de antioxidantes naturales también sitúa al albaricoque entre las frutas recomendadas para combatir el estrés oxidativo, un proceso relacionado con el envejecimiento celular. Entre estos compuestos se encuentran flavonoides como la quercetina, una sustancia estudiada por sus posibles efectos protectores frente a enfermedades inflamatorias y cardiovasculares.
El albaricoque también aporta cantidades destacables de potasio, un mineral imprescindible para el equilibrio hídrico y el funcionamiento muscular. Una ración de 200 gramos puede aportar hasta 586 miligramos de potasio, una cifra relevante si se tiene en cuenta que la ingesta diaria recomendada ronda los 3.500 miligramos.
Una fruta que refuerza nuestras defensas
Además, esta fruta contiene vitamina C, aunque en cantidades moderadas. Este nutriente contribuye al funcionamiento normal del sistema inmunitario y favorece la absorción del hierro presente en los alimentos vegetales. Aunque no alcanza las concentraciones de cítricos como la naranja o el kiwi, el albaricoque puede complementar el aporte vitamínico dentro de una dieta variada.
En su composición también aparecen ácidos orgánicos como el ácido málico y el cítrico, responsables en parte de su sabor ligeramente ácido. Sin embargo, los especialistas de la FEN recuerdan que, a medida que madura la fruta, la concentración de estos ácidos disminuye, haciendo que el sabor resulte más dulce y agradable al paladar.
Su versatilidad en la cocina también explica parte de su popularidad, ya que puede consumirse solo, añadido a ensaladas, yogures o batidos, e incluso utilizarse en recetas saladas o confituras. Además, su sabor suave facilita que sea bien aceptado por niños y personas mayores.
Con una combinación de bajo contenido calórico, aporte de fibra y presencia de antioxidantes y minerales, el albaricoque se consolida como una de las frutas más recomendables de la temporada estival.
