El lanzamiento del modelo Claude Mythos por parte de Anthropic marcó un punto de inflexión en la política estadounidense sobre inteligencia artificial, generando preocupaciones en la administración Trump y entre los votantes.
Un grupo de ejecutivos de la industria tecnológica —Dario Amodei, Demis Hassabis, Elon Musk, Mark Zuckerberg y Sam Altman— concentran un poder significativo sobre los modelos de inteligencia artificial que definirán el futuro. Durante la administración de Donald Trump, el gobierno mantuvo una postura de no intervención, confiando en que la competencia entre empresas privadas era la mejor estrategia para que Estados Unidos liderara la carrera frente a China.
Sin embargo, esa lógica está cambiando. El vertiginoso progreso de la IA ha comenzado a generar inquietud en sectores clave del gobierno, que ven en estos avances una potencial amenaza para la seguridad nacional. Además, el creciente malestar entre los votantes estadounidenses está convirtiendo a la inteligencia artificial en un tema políticamente sensible.
El punto de inflexión fue el anuncio de Anthropic sobre el lanzamiento de su modelo Claude Mythos, el 7 de abril. Esta herramienta es especialmente eficaz para detectar vulnerabilidades de software, lo que en manos equivocadas podría poner en riesgo infraestructuras críticas como bancos y hospitales. Ante ello, el director ejecutivo de Anthropic, Dario Amodei, decidió restringir su uso a unas 50 grandes empresas de los sectores informático, de software y financiero, con el objetivo de reforzar sus defensas.
La preocupación llegó hasta el secretario del Tesoro, Scott Bessent, quien convocó a los principales bancos a reuniones urgentes. Semanas antes, el Pentágono había intervenido luego de que Amodei se negara a permitir que el modelo se utilizara en armas autónomas o para vigilancia masiva interna. La administración Trump también se alarmó ante el poder que una sola empresa podía ejercer sobre una tecnología clave para la seguridad nacional.
Las encuestas de opinión reflejan un creciente escepticismo entre los estadounidenses: siete de cada diez consideran que la IA perjudicará las oportunidades laborales, un aumento significativo respecto al año anterior. La oposición a los centros de datos también crece, aunque la IA no sea la causa directa del aumento de los precios de la electricidad. Incluso la casa de Sam Altman, director de OpenAI, fue atacada en dos ocasiones recientemente.
Analistas señalan que el “momento Mythos” representa un punto de inflexión inevitable en la historia de la tecnología. Así como ocurrió con John D. Rockefeller o Henry Ford, las grandes innovaciones industriales en Estados Unidos fueron lideradas por un pequeño grupo de personas que acumularon un enorme poder. Con el tiempo, los gobiernos intervinieron para regular industrias excesivamente poderosas, desde la disolución de Standard Oil hasta la creación de la Reserva Federal.
No obstante, controlar la IA presenta desafíos particulares. Las consecuencias de un posible fracaso son extremadamente altas y la tecnología evoluciona a una velocidad vertiginosa. El crecimiento económico se beneficiaría de una rápida difusión de la IA, pero una reacción adversa podría llevar a una sobrerregulación. Por otro lado, no hacer nada podría dejar al país vulnerable a usos malintencionados, mientras que un exceso de regulación podría favorecer a China en la carrera tecnológica.
El tiempo es escaso. Hace apenas dos años, durante la administración de Joe Biden, los debates sobre regulación se centraban principalmente en aspectos éticos y de transparencia. Ahora, el foco está puesto en la seguridad nacional y el impacto social inmediato.
