La historia del prisionero polaco cuya habilidad fotográfica le permitió sobrevivir y crear un archivo visual crucial del Holocausto, incluyendo registros de los experimentos de Josef Mengele.
Wilhelm Brasse, conocido como «el fotógrafo de Auschwitz», fue un prisionero polaco cuyo trabajo en el campo de exterminio nazi resultó en la preservación de aproximadamente 50 mil retratos de otros internos. Su archivo se convirtió en una prueba documental fundamental de los crímenes del Holocausto.
Nacido en 1917 en Żywiec, al sur de Polonia, Brasse hablaba alemán con fluidez y trabajaba como fotógrafo retratista antes de la guerra. Tras negarse a unirse al ejército alemán tras la invasión, fue arrestado en 1940 y deportado al campo de concentración de Auschwitz, donde recibió el número de prisionero 3444.
Debido a su origen considerado ario, su dominio del idioma alemán y su profesión, fue asignado al Erkennungsdienst, el Departamento de Identificación controlado por la Gestapo. Su tarea inicial era tomar fotografías de estilo policial de los prisioneros recién llegados, en tres poses: de frente, perfil y tres cuartos.
Sin embargo, a partir de 1942, con la llegada de médicos de las SS como Josef Mengele, el trabajo de Brasse se volvió macabro. Le ordenaron fotografiar a prisioneros considerados «interesantes» para experimentos pseudocientíficos: judíos jasídicos, gemelos, trillizos, personas con discapacidades o tatuajes inusuales. Estas imágenes documentaron procedimientos atroces, muchos realizados sin anestesia.
Brasse relató haber fotografiado a un prisionero con un tatuaje de Adán y Eva en el pecho, y luego ver cómo le extraían la piel para preservarla. También documentó operaciones internas realizadas por los médicos nazis.
Al final de la guerra, Brasse logró salvar gran parte del archivo fotográfico, escondiendo negativos y evitando su destrucción por órdenes nazis. Se estima que preservó alrededor de 50 mil imágenes.
Este material, conservado hoy en instituciones como Yad Vashem en Jerusalén, sirvió como prueba condenatoria en los juicios posteriores a la guerra y permite la identificación de miles de víctimas. El testimonio visual de Brasse trasciende como un registro histórico esencial del horror del Holocausto y la perversión del régimen nazi.
Wilhelm Brasse regresó a Polonia después de la guerra, pero debido al trauma sufrido, abandonó la fotografía profesional. Falleció en su ciudad natal en 2012. Su legado perdura como un acto de resistencia y memoria.
