Una exposición documenta la transformación de Bombay, desde su origen como siete islotes hasta convertirse en un centro industrial, financiero y cultural, a través de pinturas, fotografías y material de archivo que narran su historia visual y social.
Lo que hoy se conoce como Mumbai surgió, durante siglos, de un archipiélago de siete islas habitadas por comunidades pesqueras. De ese origen fragmentado emergió una de las metrópolis más complejas del mundo: Bombay, una ciudad forjada por el comercio colonial, la resistencia política y una cultura popular que marcó al subcontinente indio.
La exposición de la galería DAG —una de las instituciones de arte indio más importantes, con sede en Nueva Delhi, Mumbai y Nueva York— reúne pinturas, fotografías, grabados y material de archivo para documentar ese proceso. Según la galería, la ciudad «surgió de un grupo disperso de siete islotes unidos por la recuperación de tierras al mar». Ese proceso de ingeniería colonial fue el primer acto de una transformación continua, cuyo resultado fue una urbe que «creció de un puerto colonial a un bullicioso centro industrial, financiero y cultural».
El recorrido abarca desde su papel como nodo comercial en el siglo XVIII hasta su condición de escenario de resistencia política durante la lucha por la independencia en el siglo XX. Artistas coloniales británicos, como Thomas Daniell y Henry Salt, fueron los primeros en dejar registro visual de esa geografía en transformación. Posteriormente, artistas indios modernos volvieron su mirada hacia los ritmos cotidianos de Bombay y sus habitantes.
La complejidad de Bombay no fue solo territorial, sino también social. Comunidades diversas como los parsis (mercaderes y filántropos), los kolis (pescadores nativos) y sucesivas oleadas de migrantes convivieron en una geografía compartida pero desigual. Esta estratificación social quedó plasmada en el arte, desde los retratos de la élite hasta las obras de crítica social de artistas como Chittaprosad, quien retrató la vida de la clase obrera.
El cine ocupa un lugar central en la narrativa de la ciudad. Bombay no solo albergó una industria cinematográfica, sino que se convirtió en la musa de sus propias películas. Carteles de los años 50 y 60 y fotografías de estudio, como las de J. H. Thakkar, testimonian esa fusión. «Ninguna historia de Bombay está completa sin el cine», señala DAG.
La pregunta sobre el nombre de la ciudad —Bombay o Mumbai— también atraviesa su historia. En 1995, el gobierno del estado de Maharashtra cambió oficialmente el nombre a Mumbai, como gesto de afirmación de la identidad regional marathi. El debate sobre la denominación continúa en algunos sectores, reflejando la condición de una ciudad que siempre resistió una sola definición.
