En la liturgia más importante del año católico, el Pontífice llamó a no dejarse paralizar por el miedo, el egoísmo o la guerra, e instó a transmitir un mensaje de esperanza para construir un mundo nuevo.
ROMA.- En el marco de la celebración de la Semana Santa, el papa León XIV presidió este sábado por la noche su primera Vigilia Pascual, la liturgia más importante del año para los católicos. Ante unas 4000 personas que colmaron la Basílica de San Pedro, el Pontífice pronunció un sermón centrado en la esperanza y la capacidad del amor para superar el mal.
«La potencia del amor de Dios es más fuerte que cualquier poder del mal», afirmó León XIV, y es capaz de «expulsar el odio y doblegar a los poderosos». En su homilía, pronunciada en italiano, exhortó a no dejarse paralizar por «la desconfianza, el miedo, el egoísmo, el rencor, la guerra, la injusticia y el aislamiento entre pueblos y naciones».
El rito, que comenzó pasadas las 21 horas locales en el atrio de la basílica, siguió la tradición con la bendición del fuego y el encendido del cirio pascual, símbolo de Cristo como luz que ingresa en el mundo. La ceremonia estuvo acompañada por los coros de la Capilla Sixtina.
El Papa explicó el significado de la Vigilia, a la que definió como «la más antigua de la tradición cristiana, llamada ‘madre de todas las vigilias'». En ella, dijo, se revive «el memorial de la victoria del Señor de la vida sobre la muerte y el infierno». Al reflexionar sobre las lecturas bíblicas, recordó cómo Dios responde al pecado «con el poder del amor que une y devuelve la vida».
Inspirándose en el relato de las mujeres que fueron al sepulcro de Jesús, León XIV destacó su fe y amor como ejemplo. «No se dejaron intimidar», señaló, y gracias a ello «fueron las primeras testigos de la Resurrección». Subrayó que el amor de Dios es «capaz de ‘expulsar el odio’ y de ‘doblegar a los poderosos'».
«Este es hoy nuestro mensaje al mundo», continuó. «También nosotros queremos partir esta noche, desde esta basílica, para llevar a todos la buena noticia de que Jesús ha resucitado y que, con su fuerza, resucitados con Él, también nosotros podemos dar vida a un mundo nuevo, de paz y de unidad».
El Pontífice reconoció que en la actualidad «tampoco faltan sepulcros que abrir», refiriéndose a piedras simbólicas como «la desconfianza, el miedo, el egoísmo y el rencor» o «la guerra, la injusticia y el aislamiento entre pueblos y naciones». Pidió no dejarse paralizar por ellas y se inspiró en quienes, a lo largo de la historia, las han removido «con frutos de bien de los que aún hoy nos beneficiamos».
La Vigilia concluyó con la tradicional celebración de sacramentos. León XIV, junto a cardenales, obispos y sacerdotes, bautizó, confirmó y dio la primera comunión a diez adultos provenientes de Roma, el Reino Unido, Portugal y Corea del Sur.
