El gobierno nacional dispuso la salida del país del funcionario diplomático iraní, una medida que analistas vinculan con un cambio en el enfoque de política exterior.
El gobierno argentino ha ordenado la expulsión del encargado de negocios de la embajada de Irán en Buenos Aires, Mohsen Soltani Tehrani. La decisión fue comunicada oficialmente este martes y se enmarca en un contexto de revisión de las relaciones bilaterales.
La medida ha generado reacciones y análisis en el ámbito diplomático, donde se la interpreta como un distanciamiento de la postura históricamente neutral que caracterizó a la Argentina en ciertos conflictos internacionales. Fuentes oficiales no han brindado detalles específicos sobre los motivos de la expulsión, más allá de citar «razones de seguridad y política exterior».
Algunos observadores señalan que el paso dado por la administración del presidente Javier Milei refleja una mayor sintonía con las políticas de aliados tradicionales como Estados Unidos e Israel. El canciller israelí, Gideon Sa’ar, manifestó su apoyo público a la decisión argentina.
Expertos en relaciones internacionales advierten sobre las posibles consecuencias de este movimiento, que podría afectar el intercambio comercial y el diálogo político entre Argentina e Irán. Desde la oposición política se han escuchado críticas, mientras que desde el oficialismo se defiende la medida como una acción soberana en defensa de los intereses nacionales.
