El escritor, músico y conductor Alejandro Dolina fue distinguido con el doctorado Honoris Causa por la Universidad de Buenos Aires en un acto realizado en la Facultad de Ciencias Sociales.
El escritor, músico y conductor Alejandro Dolina recibió esta noche el doctorado Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires (UBA) en un acto celebrado en el auditorio de la Facultad de Ciencias Sociales. La distinción fue entregada por el rector Ricardo Gelpi y el vicedecano de Sociales, Diego de Charras.
El nombramiento fue promovido por las licenciaturas en Ciencias de la Comunicación Social y en Ciencias Políticas de esa facultad, representadas en la ceremonia por sus directores Larisa Kejval y Miguel De Luca, respectivamente. La iniciativa fue aprobada por unanimidad en todas las instancias formales.
Durante su discurso de agradecimiento, Dolina expresó: “Las alegrías después de cierta edad vienen acompañadas por una deliciosa melancolía y por una noble tristeza. No porque uno sienta los achaques, sino porque uno comprende mejor la naturaleza humana, siendo ésta trágica”. Y agregó: “Quiero decir que no poder disfrutar enteramente de esta alegría me alegra muchísimo”.
El homenajeado se refirió a la universidad pública como un espacio de intercambio y comunión. “La universidad pública es donde se recibe, pero también donde se da. Y donde se produce un momento de comunión, pese a que nuestra vida es creadora de soledad”, afirmó. También recordó sus años como estudiante de Derecho y destacó el valor de la camaradería: “Pocas comuniones hay más fuertes que la del compañero. El compañero es preferible al profesor muchas veces”.
Dolina reconoció sentirse “un poco farsante, un poco impostor” por no provenir del ámbito académico y bromeó sobre la idea de la “universidad de la calle”. No obstante, sostuvo que “si uno quiere aprender verdaderamente, estudiar y aprender, pero además vivir todo ese mundo maravilloso de intercambio, de sensaciones y de reflexiones acerca de la constitución de la realidad, es mejor que vaya a la universidad y no al boliche de la esquina”. En ese sentido, señaló que “deberían entenderlo así quienes los estados nacionales gobiernan y propender cuando se trata de educación a preferir la inauguración de universidades y colegios antes que las de parrilladas”.
Tras las formalidades, Dolina invitó al psicólogo y escritor Gabriel Rolón a subir al estrado para dialogar sobre diversos temas abordados por el homenajeado a lo largo de su obra. Rolón recitó versos de Dolina y le preguntó sobre la relación entre la duda y la respuesta. Dolina respondió: “La respuesta es definitiva y se trata de eludir lo definitivo. La pregunta abre. La respuesta clausura”.
En otro pasaje del diálogo, consultado por su interés en la mitología, Dolina la definió como “la ciencia reemplazada por la poesía. Y el mundo que resulta de esa construcción tiene sentido. La mitología tiene metáforas para todo, para todo hay sentido, el sentido que da el arte”.
Rolón, emocionado, agradeció al escritor: “Gracias por su generosidad, por abrir puertas que de otro modo no se habrían abierto; gracias por ser un ejemplo de artista y de pensador; y gracias por una vida juntos, en la radio y hoy en este momento”.
El vicedecano Diego de Charras explicó que el diploma “es la máxima distinción de nuestra universidad y busca reconocer el conocimiento que no necesariamente se gesta en las aulas pero que es tanto más importante porque en esta casa de estudios nos dedicamos a estudiar la cultura popular”. También recordó que la facultad “es una facultad joven, nacida en 1988, que vivió con mucha intensidad esos finales de la década del 80 y los principios del 90, durante los cuales la figura de Alejandro Dolina circulaba cual Ángel Gris por los pasillos de nuestra casa”.
La laudatio estuvo a cargo de Larisa Kejval, directora de la licenciatura en Ciencias de la Comunicación Social, quien repasó la trayectoria de Dolina: “Escritor, ensayista, observador, actor, conductor de radio, cómico, filósofo, orador, pensador y músico. Casi no hay medio de comunicación de la actualidad por el que Dolina no haya pasado”. Kejval señaló que el nombre de Dolina “se volvió adjetivo, verbo, una forma de retórica argumentativa: A lo Dolina. Eso es dolinesco. Eso es doliniano”. También mencionó que una plaza del barrio de Flores lleva el nombre de uno de sus personajes, el Ángel Gris.
La ceremonia se realizó ante un auditorio colmado por estudiantes, docentes y público en general. Dolina recibió el diploma de honor y la medalla correspondiente a la distinción.
