Un análisis sobre cómo enfocar los beneficios del primer paso puede facilitar el camino hacia metas de largo plazo.
Todo propósito importante parece enfrentarnos, antes de comenzar, a un mismo obstáculo: la sensación de que el esfuerzo será mayor que la recompensa. Sin embargo, existe un recurso que puede hacer ese camino más llevadero: descubrir las recompensas del primer paso.
Con frecuencia intentamos motivarnos mediante argumentos racionales: pensamos en los beneficios que llegarán dentro de meses o años. No obstante, esos fundamentos rara vez encienden la voluntad porque prometen resultados lejanos y suelen estar acompañados por una idea previa de sacrificio y renuncia. Entonces aparece una pregunta íntima: si hasta hoy no pude lograrlo, ¿por qué habría de ser diferente esta vez?
Así, cualquier objetivo parece una cuesta arriba inalcanzable: bajar de peso, comenzar a hacer ejercicio, emprender un proyecto, estudiar o abandonar un hábito perjudicial. Pero cuando cambiamos la manera de interpretar el camino, también cambia nuestra motivación. Cada vez que me propongo una meta, procuro enamorarme de ella. Dejo de verla como un sacrificio y comienzo a experimentar, desde el presente, las satisfacciones que me ofrece. No espero a disfrutar cuando llegue al final: adelanto emocionalmente la recompensa.
Si quiero abandonar un vicio, por ejemplo, no concentro mi atención en aquello que pierdo ni en el esfuerzo que implica renunciar. Pienso y siento todo lo que gano desde el primer día y, si es posible, desde las primeras horas: dormir mejor, respirar con mayor libertad, recuperar energía o ahorrar dinero para aquello que realmente anhelo. Incluso elaboro una lista de beneficios inmediatos para mantener viva esa motivación.
La voluntad suele fortalecerse más cuando ponemos el foco en el valor de aquello que empezamos a ganar que en el sufrimiento que implica cambiar. Cuando dejamos de negociar con la pérdida y comenzamos a experimentar los beneficios del presente, del ahora, el esfuerzo deja de sentirse como un castigo y se convierte en una elección. Quizá la voluntad no se fortalezca por aquello a lo que renuncia, sino por todo lo que empieza a ganar desde el primer paso.
