Un informe de la agencia NA analiza las razones del crecimiento de los movimientos conservadores-liberales en la región, entre ellas la interpretación de demandas sociales, el uso de redes sociales y la crisis de representación de los gobiernos progresistas.
Buenos Aires, 9 de agosto (NA) – Un análisis del director de CB Global Data, Cristian Buttié, señala que los movimientos conservadores-liberales en América Latina han logrado imponerse electoralmente al interpretar las demandas de una sociedad que, en varios países, responsabiliza a los gobiernos progresistas por la pobreza.
Según el informe, estas nuevas fuerzas políticas, que combinan ideas conservadoras con el concepto de libertad, han salido de sus segmentos de élite para comunicar al ciudadano común la idea de que cada individuo es garante de su propio futuro. La propuesta central, de acuerdo con el texto, es que el Estado no debe asfixiar al ciudadano y debe limitarse a funcionar como regulador.
El análisis destaca que estos movimientos han logrado una comunicación efectiva en las redes sociales, un espacio donde la derecha política ha ganado posicionamiento frente a la izquierda, que históricamente dominó la calle.
El informe menciona casos específicos: en Argentina, Javier Milei ofreció estabilidad monetaria y libertad; en Colombia, Abelardo de la Espriella promete seguridad y lucha contra el narcotráfico; en El Salvador, Nayib Bukele ha construido un armado transversal; y en Perú, Keiko Fujimori propone mayor seguridad.
Buttié señala que, con la excepción de Bukele, las experiencias de derecha de este tipo no han logrado la reelección, como ocurrió con Donald Trump en Estados Unidos y Jair Bolsonaro en Brasil. El autor plantea que estos movimientos son personalistas, donde el referente concentra los votos y el posicionamiento, y queda por verse qué ocurre sin la figura principal.
El análisis concluye que estos movimientos de derecha han ganado la batalla electoral a los líderes progresistas en casi todos los países, y que la izquierda, al ofrecer ser el mal menor, no logra enamorar al electorado.
