miércoles, 2 septiembre, 2026
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De Corea a Escobar: la historia de una mujer que encontró en Argentina un nuevo comienzo

Ju Young Lee trabajó en televisión, se enamoró de un argentino y recorrió América Latina en motorhome con sus hijos. Tras volver a Corea, eligió regresar a Escobar, donde recreó el ritual de las termas que marcó su infancia.

Los recuerdos más profundos de la infancia de Ju Young Lee no tienen grandes escenas. No hay cumpleaños extravagantes ni viajes inolvidables. Lo que permanece intacto en su memoria son las sensaciones: el vapor, el silencio, el ruido del agua caliente y las manos de su madre limpiándole la espalda mientras permanecían sumergidas durante horas en unas termas de Corea del Sur.

“No me acuerdo exactamente qué hablábamos con mi mamá. Lo que me quedó fue otra cosa: cómo me tocaba, cómo me hacía entender las cosas, cómo nos comunicábamos sin hablar”, dice hoy, a sus 43 años, desde Argentina, el país que terminó eligiendo para vivir después de una vida atravesada por viajes, mudanzas, búsquedas y decisiones drásticas.

Ju Young nació en una ciudad costera del sudeste de Corea del Sur y creció junto a sus dos hermanas en una familia tradicional. Su padre era profesor y trabajaba lejos de casa, mientras que su madre se ocupaba prácticamente sola de la crianza. “En Corea era muy normal eso. Aunque mi papá no fuera machista, el hombre trabajaba afuera y la mujer se hacía cargo de todo lo de la casa”, recuerda.

Dentro de esa rutina agotadora había algo que jamás faltaba: los domingos de termas. “Para mí era un ritual sagrado. Nos levantábamos temprano y nos íbamos a estos lugares que allá son muy comunes. En Corea hay centros enormes con distintas piletas, temperaturas, saunas, espacios de descanso. La gente pasa horas ahí. No es un lujo, es algo cotidiano”, explica. Su madre, que había perdido gran parte de la audición, se quitaba los audífonos al entrar al agua y se comunicaban con la mirada, las manos y los gestos. “Había vapor, silencio, agua caliente y una sensación muy fuerte de protección. Creo que ahí aprendí algo sobre la calma, sobre el cuerpo y sobre el cuidado”.

Décadas más tarde, después de cruzar medio continente en motorhome, quedar atrapada en Panamá durante la pandemia y regresar temporalmente a Corea, ese recuerdo se convertiría en el centro de su vida.

Cuando terminó la universidad, Ju Young decidió viajar a la Argentina. “No sé explicarlo bien, pero yo estaba muy atraída por Buenos Aires. Vine joven y empecé a trabajar enseguida”. Estudió producción de televisión y documentales y comenzó a colaborar para canales coreanos haciendo coberturas periodísticas en América Latina. Fue en 2010, mientras cubría la marcha por la ley de matrimonio igualitario en Argentina, que conoció a Matías, un camarógrafo argentino. “Algo pasó ahí”, cuenta entre risas.

El amor avanzó rápido y poco después nació su primer hijo. “Cuando nació mi hijo fue muy natural decidir quedarme acá. Yo estaba completamente enamorada de Buenos Aires, de la forma de vivir de los argentinos, de cómo reciben a la gente”. Se mudaron a Escobar en busca de tranquilidad y después nació su segundo hijo. La vida parecía encaminada hasta que reapareció una vieja idea: recorrer América Latina en motorhome, inspirados por la familia Zapp, a quienes habían entrevistado años antes.

Durante dos años recorrieron el continente, realizando talleres audiovisuales en comunidades. “Los chicos escribían historias, actuaban, filmaban y terminaban proyectando los cortometrajes frente a todo el pueblo”, evoca. Pero todo se frenó en Panamá. El Tapón del Darién les impidió seguir por carretera y la pandemia los dejó atrapados. Ju Young sufrió discriminación por ser asiática. Finalmente, abandonaron el motorhome y regresaron a Corea.

“Corea estaba muy controlada sanitariamente, pero emocionalmente no me sentía cómoda. La sociedad estaba muy dura, muy exigente, muy cerrada. Yo extrañaba muchísimo Argentina”, afirma. En 2023, cuando la situación mejoró, regresaron a Escobar. “Necesitaba parar. Habían sido muchos años viviendo según lo que iba pasando, resolviendo urgencias, moviéndonos constantemente”.

Entonces reapareció la sensación de la infancia: el agua caliente, el silencio, la calma. Así nació Makaku (@makaku.house), un espacio en Escobar donde recrea los rituales de agua caliente, descanso y pausa que aprendió de chica junto a su madre. “Muchas mujeres llegan agotadas, sobrecargadas, con ansiedad, con estrés. Hoy necesitamos recuperar esos espacios de pausa sin culpa”, concluye.

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