El 18 de mayo de 1927, Andrew Kehoe, un granjero de Bath, Michigan, detonó explosivos en la escuela local y en su propia granja, causando 44 muertos y 58 heridos. Un cartel hallado tras la tragedia reveló su motivación.
El pequeño pueblo de Bath, a unos 16 kilómetros de Lansing, Michigan, era conocido por su tranquilidad. El sheriff Robert Fox solía lidiar solo con hurtos menores o robos de ganado. Sin embargo, la mañana del 18 de mayo de 1927, todo cambió: la escuela estalló, la casa de un granjero se incendió y el mismo hombre se suicidó en su camioneta. El saldo fue de 44 muertos (38 niños y seis adultos) y 58 heridos.
Al principio, Fox no relacionó los hechos. Pero al día siguiente, al revisar los restos de la casa de Andrew Kehoe, encontró un cartel que decía: “Los criminales se hacen, no nacen”. Entonces comprendió que Kehoe, un granjero respetado pero acosado por deudas, impuestos y la enfermedad de su esposa, había planeado la venganza contra la escuela que consideraba culpable de sus males.
Kehoe había sido tesorero de la junta escolar y electricista del establecimiento. Usó sus conocimientos para colocar unos 450 kilos de dinamita en el sótano de la escuela, programados para detonar a las 8:45. Esa mañana, asesinó a su esposa Nellie, incendió su granja y se dirigió a la escuela. Allí, al ver a su enemigo, el superintendente Emory Huyck, detonó otra carga en su camioneta, matándose a sí mismo y a Huyck.
La explosión derrumbó el ala norte de la escuela; el ala sur falló, salvando casi un centenar de vidas. Los bomberos y vecinos trabajaron todo el día entre los escombros. Recién al día siguiente, el sheriff descubrió el cuerpo de Nellie en el gallinero y el cartel que confirmaba la autoría de Kehoe. La investigación posterior determinó que había planeado el ataque desde el otoño anterior.
