El filósofo argentino analizó en una entrevista el vínculo entre pensamiento y existencia, y sostuvo que cuestionar la realidad permite alcanzar una forma superior de libertad.
En una entrevista con LA NACION, el filósofo Darío Sztajnszrajber abordó la relación entre el pensamiento y la vida cotidiana, y propuso una lectura crítica de la máxima cartesiana: “Si no pienso, luego me doy cuenta que tengo que estar existiendo, porque si yo no existo, no pienso”. Según el autor, esta reinterpretación transforma el famoso “pienso, luego existo” en una herramienta para validar la conciencia del sujeto en un entorno predecible.
Sztajnszrajber sostuvo que la filosofía sirve para cuestionar la lógica de la utilidad que domina la existencia actual, y afirmó que el ser humano moderno prioriza el rendimiento y la rentabilidad por sobre otros aspectos de la vida. Para el autor, el origen de la disciplina reside en el movimiento donde el sujeto se distancia de sus propias acciones: “Ese momento, ese movimiento donde el ser humano se distancia de sí mismo y se ve a sí mismo actuando, para mí da origen a la filosofía”.
El filósofo también reflexionó sobre la necesidad de escapar de los lugares comunes impuestos por la sociedad: “Me gusta muchas veces rendirme, al revés, no estar en proceso de ver cuánto rindo, sino rendirme en el sentido de lo que hoy muchas veces se llama esta especie como de filosofía del escape”. Según él, salirse de esas exigencias representa un escape necesario ante las presiones sociales.
En cuanto a la búsqueda de la verdad, Sztajnszrajber diferenció entre las verdades cotidianas y las ontológicas: “Las verdades cotidianas, incluso las verdades científicas, están más preocupadas por el cómo”. Ante el fenómeno de la posverdad, observó que muchas personas hoy prefieren noticias que validen sus prejuicios en lugar de hechos comprobables, una tendencia que choca con la definición aristotélica de verdad como correspondencia entre lenguaje y realidad.
Respecto a la felicidad, el autor rechazó las fórmulas estandarizadas de bienestar y, a través de referencias a Epicuro y la idea de ataraxia, identificó la tranquilidad como el refugio ante las dependencias del consumo y el sobrecuidado. Sobre su propia experiencia, afirmó: “Para mí la felicidad tiene que ver con poder plasmar en mi vida mi deseo, pero como hago filosofía, mi deseo es deseo por el saber”. Y concluyó: “Estar todo el tiempo elucubrando aspectos que hacen a la realidad. Me hace mucho ruido como consumir la realidad tal como me la venden”.
