El monarca británico completó su primera visita de Estado a EE.UU. desde 2007, con un discurso ante el Congreso y encuentros con autoridades políticas.
Carlos III, quien asumió el trono tras más de siete décadas de espera, realizó una visita de Estado a Estados Unidos que incluyó actividades en Washington, Nueva York y Virginia. Durante su estadía, el monarca se dirigió al Congreso con un discurso de 2600 palabras en el que defendió a la OTAN, respaldó a Ucrania y destacó la importancia de la Constitución, el Estado de derecho y la independencia de los poderes.
El discurso recibió doce ovaciones de pie por parte de los legisladores. Sin mencionar directamente al presidente Donald Trump, el rey hizo referencias a la historia compartida entre ambos países, como el incendio de la Casa Blanca en 1814, y llamó a los Padres Fundadores “rebeldes con causa”, en un tono que combinó humor británico con críticas implícitas.
La visita también tuvo repercusiones internacionales. Desde Rusia, el expresidente Dimitri Medvedev criticó la intervención del monarca en temas políticos, mientras que analistas señalaron que el viaje logró avances concretos, como la eliminación de aranceles al whisky escocés. Sin embargo, algunos expertos cuestionaron si el poder blando del rey puede traducirse en acuerdos sustanciales en materia de defensa y seguridad.
La prensa británica destacó mayoritariamente el éxito de la gira, aunque hubo voces críticas que la calificaron como un ejercicio de distracción frente a controversias internas de la familia real. La visita coincidió con el 250 aniversario de la Declaración de Independencia de Estados Unidos, lo que añadió un simbolismo adicional a los encuentros.
