Un relevamiento de Zentrix Consultora revela que la mayoría de los argentinos redujo sus consumos, mientras la percepción de la inflación se aleja del dato oficial y crece el malestar social.
El ajuste económico comienza a mostrar un impacto cada vez más concreto en la vida cotidiana de los hogares argentinos. Según el último Monitor de Opinión Pública de Zentrix Consultora, el 81,6% de los encuestados reconoció que en los últimos seis meses tuvo que resignar algún gasto para sostenerse. El dato marca el núcleo económico del sondeo: la discusión ya no pasa solo por la inflación, el dólar o las variables macroeconómicas, sino por la capacidad real de las familias para llegar a fin de mes.
De acuerdo con la encuesta, los recortes van desde salidas, ocio y consumos no esenciales hasta compras habituales del hogar y, en los casos más delicados, gastos básicos como alimentos, salud o servicios. El informe muestra que el deterioro del poder adquisitivo sigue siendo uno de los principales factores de malestar social. El 86,6% de los consultados afirmó que su salario no le gana a la inflación, el peor registro de la serie reciente de Zentrix. En enero, ese indicador había sido del 74,7% y en marzo se había ubicado en 83,9%.
La pérdida de ingresos también aparece reflejada en otro dato sensible: el 60,4% dijo que sus ingresos le alcanzan solo hasta el día 20 del mes. Esa percepción consolida una economía doméstica defensiva, donde los hogares recortan consumos, postergan gastos y administran el presupuesto mensual con menos margen.
Uno de los puntos más relevantes del relevamiento es la distancia entre la inflación informada oficialmente y la inflación percibida por los hogares. Según Zentrix, el 70,3% de los encuestados considera que el dato oficial de inflación no refleja adecuadamente la variación de precios que observa en su vida cotidiana. Ese número implica un salto respecto de enero, cuando esa percepción alcanzaba al 56,4%.
Para la consultora, el problema ya no es solo estadístico, sino político y económico: cuando el dato oficial no coincide con la experiencia cotidiana del consumidor, pierde capacidad de ordenar expectativas. El informe sostiene que la inflación “ya no se mide en decimales”, sino en cuánto dura el ingreso, cuánto margen queda después de pagar lo básico y hasta qué fecha del mes se puede sostener el consumo habitual.
En ese contexto, aunque la inflación oficial muestre una desaceleración, el dato pierde fuerza social si no se traduce en una mejora del salario real. La encuesta también permite leer el vínculo entre economía y clima político. El malestar por los ingresos aparece combinado con una caída en la credibilidad del Gobierno frente a las denuncias de corrupción y la percepción de que se rompió el pacto “anticasta”. Según Zentrix, el 66,6% de los consultados considera que el Gobierno terminó siendo parte de aquello que prometía combatir.
A su vez, el 57,3% percibe corrupción generalizada en la gestión y el 60,2% interpreta las denuncias como parte de un problema más amplio de gobierno, no como casos aislados. La clave económica de este dato es que la tolerancia social al ajuste depende en buena medida de la confianza en quien lo administra. En hogares que ya vienen resignando consumos y enfrentan pérdida de poder adquisitivo, la percepción de falta de transparencia puede volver más difícil sostener el respaldo al rumbo económico.
El informe plantea que las denuncias no aparecen sobre una sociedad estable, sino sobre hogares que ya atraviesan un proceso de privación. Por eso, el impacto político se potencia: al desgaste material se le suma una pérdida de autoridad moral del oficialismo. La combinación de salarios rezagados, menor capacidad de consumo y desconfianza sobre la inflación oficial configura un escenario complejo para la economía real.
Para los hogares, el problema no se limita al nivel general de precios, sino a la relación entre ingresos, gastos fijos y consumos básicos. El relevamiento de Zentrix muestra que la sociedad no evalúa la economía solo por indicadores macro, sino por variables concretas: cuánto alcanza el sueldo, qué consumos se dejan de hacer, si se llega al final del mes y si el dato oficial refleja o no lo que ocurre en supermercados, servicios y gastos cotidianos.
En ese sentido, el informe advierte que la baja de la inflación puede no ser suficiente para recomponer expectativas si no viene acompañada por una mejora visible del poder adquisitivo. La desaceleración nominal necesita transformarse en alivio concreto para los hogares. El deterioro económico también aparece asociado a una caída en la imagen del presidente Javier Milei. Según Zentrix, la imagen positiva del mandatario se ubicó en 35,2%, mientras que la negativa trepó al 59,3%, con un diferencial adverso de 24 puntos. La aprobación presidencial, en tanto, cayó al 33,1%.
Para la consultora, el dato refleja que el Presidente empieza a absorber de manera más directa el costo acumulado del malestar social, especialmente por el cruce entre la microeconomía de los hogares y la pérdida de credibilidad del relato anticasta.
