A sus 52 años, el exdelantero conocido como ‘Pascualito’ recuerda su paso por ambos clubes, su icónico festejo del ‘avioncito’ y analiza las diferencias entre el fútbol de los 90 y el contemporáneo.
Sebastián Rambert, con su estilo descontracturado, es una figura reconocible en el ambiente futbolístico. A sus 52 años, es recordado como el último futbolista en transferirse directamente de Boca Juniors a River Plate, un hecho que hoy parece impensado. Su carrera, que incluyó pasos por Independiente, Europa y una temprana retirada a los 29 años tras ocho operaciones de rodilla, hoy continúa desde el banco, integrando el cuerpo técnico de Eduardo Berizzo.
En la historia del superclásico argentino, 102 jugadores vistieron ambas camisetas. Rambert es el número 88 de esa lista. Con Boca disputó dos clásicos oficiales y marcó dos goles en un Súper de verano. Ya en River, jugó otros dos partidos contra su exequipo. Aunque su rendimiento fue dispar, su traspaso directo lo inmortalizó.
«Para mi familia y mis amigos soy Seba, aunque para el hincha sigo siendo ‘Pascualito'», afirma Rambert, refiriéndose al apodo que lo acompañó junto a su inolvidable festejo del ‘avioncito’. Este gesto, surgido espontáneamente en 1994 tras un gol de palomita en Lanús, se convirtió en su sello. «Mucha gente me escribe, me recuerda un gol, me pide saludos. Varios me dicen ‘yo festejaba como vos'», comenta sobre el reconocimiento que aún recibe.
Al comparar el fútbol de su época con el actual, Rambert observa cambios notables. «En los 90 era menos estratégico y táctico. Había más libertad para el jugador creativo, para el que tenía talento», señala. Hoy, en cambio, percibe un juego más mecanizado, aunque destaca que aún se reclama esa inventiva. «Escuchás a entrenadores como Pep Guardiola decir que a un equipo le faltó ese jugador capaz de ver un pase distinto, de romper la estructura», ejemplifica.
Para Rambert, ciertas cualidades son innatas. «Lo mecanizado se trabaja mucho desde inferiores. Pero hay cosas que deberían haberse desarrollado antes», opina. Además, valora la competitividad única del futbolista argentino: «Siempre digo que si jugás en la Argentina, podés jugar en cualquier lado. Es un fútbol intenso, agresivo, difícil».
Tras su retiro como jugador, Rambert se formó como entrenador. Trabajó una década junto a Ramón Díaz, fue ayudante de Daniel Garnero y tuvo experiencias como director técnico en Aldosivi, Unión San Felipe, Crucero del Norte y Estudiantes de San Luis. Hoy, a la espera de nuevos desafíos, su legado perdura no solo en los registros históricos, sino en el recuerdo de los hinchas que aún imitan su festejo.
