La economista analiza cómo grandes corporaciones tecnológicas y farmacéuticas se apropian del conocimiento, subordinan a competidores y generan dependencia en los Estados, planteando riesgos para la soberanía y la democracia.
La economista Cecilia Rikap introdujo el concepto de «monopolio intelectual» para describir a aquellas empresas con capacidad sistemática de apropiarse de distintas formas de conocimiento o bienes intangibles, como datos, conocimiento científico o marcas, para luego monetizarlos. Según su análisis, esto les permite no necesariamente eliminar la competencia, sino subordinarla, creando lo que denomina «esferas de control más allá de la propiedad».
«Nos da la ilusión de que hay competencia», señaló Rikap, «por ejemplo, pocas gigantes tecnológicas o pocas grandes farmacéuticas, pero un montón de empresas startups alrededor generan la ilusión de competencia. Pero los que están en el centro, los que marcan la agenda, los que deciden, son unas pocas empresas». La especialista fue más allá al afirmar que «hasta las Naciones Unidas hoy están sometidas a las tecnologías de estas gigantes digitales».
Rikap sostiene que estos monopolios no solo dominan mercados, sino que planifican esferas enteras del capitalismo global, concentrando la dirección de la innovación en gerentes corporativos privados. Esto altera la relación tradicional entre el poder corporativo y el de los gobiernos. «La teoría de la dependencia nos sirve para distinguir cómo cambia la relación», explicó, destacando que para un país como Argentina, «el gobierno se vuelve también dependiente, para su propia operatoria, de las tecnologías que le venden a caja cerrada estas empresas».
La economista señaló que estas tecnologías digitales son el resultado de la apropiación de datos y del conocimiento producido colectivamente, incluso por universidades y organismos públicos financiados por el Estado, que luego se convierte en un «cliente forzoso» de esas mismas corporaciones. «Las tecnologías digitales son las tecnologías de control de hoy», afirmó, marcando una diferencia con la relación más simétrica que mantienen estas empresas con gobiernos como los de Estados Unidos o China.
Al analizar los actores locales que funcionan como engranajes de este poder, Rikap mencionó en América Latina, además de las oligarquías tradicionales, a empresas tecnológicas locales como Mercado Libre, Globant, Ualá o Despegar en Argentina, Rappi en Colombia o Magalu en Brasil. «Tienen una diferencia con las oligarquías del campo del pasado», aclaró. «No son empresas atrasadas, al contrario, están muchas veces en la frontera del conocimiento, pero para eso dependen, al mismo tiempo, de los servicios que contratan de gigantes de la nube, en particular de Amazon, Microsoft y Google». Según su visión, estas empresas dirigen el conocimiento no necesariamente hacia el desarrollo de los países, sino hacia «la apropiación de todavía más valor de las mayorías».
Finalmente, Rikap abordó el perturbador concepto de «totalitarismo epistémico», refiriéndose a cómo los monopolios intelectuales no solo producen tecnología, sino que moldean la forma en que concebimos la realidad, a través del financiamiento a universidades y organizaciones de la sociedad civil que dan forma a las narrativas dominantes. Este mecanismo, según su análisis, también marca la agenda de investigación en el sector público.
