A pesar de ser el mayor importador mundial de petróleo, el país asiático ha desarrollado durante años una estrategia basada en reservas, energías renovables y sustitución de insumos para reducir su vulnerabilidad.
La crisis energética derivada del conflicto en Oriente Medio encontró a China en una posición de relativa fortaleza, gracias a una planificación estratégica de años. Si bien es el mayor comprador de petróleo del mundo, Beijing ha trabajado intensamente para disminuir su dependencia de los hidrocarburos y de las materias primas extranjeras.
El país ha incrementado sus reservas estratégicas de crudo y ha impulsado con fuerza las energías renovables, como la solar, eólica e hidroeléctrica. Este desarrollo ha contribuido a que la demanda interna de petróleo refinado, diésel y nafta muestre una tendencia a la baja. Paralelamente, ha fomentado industrias locales consideradas clave para la seguridad nacional, reduciendo la necesidad de importar ciertos componentes.
«Se ha observado una mayor imposición de políticas industriales desde arriba, una mayor orientación por parte del gobierno central para desarrollar ciertos sectores estratégicos que China cree que necesita fortalecer», señaló Heiwai Tang, director del Instituto Global de Asia en la Universidad de Hong Kong.
Un ejemplo claro de esta transición se ve en el sector automotor: de ser el principal mercado de vehículos con motor de combustión, China pasó a liderar la adopción de autos eléctricos. En el ámbito petroquímico, ha logrado sustituir importaciones utilizando carbón nacional para producir químicos como metanol y amoníaco sintético, una tecnología que ofrece una alternativa al petróleo.
Esta preparación le ha permitido mostrar una mayor resistencia que otras economías ante la interrupción de flujos energéticos por rutas como el Estrecho de Ormuz. Recientemente, Vietnam y Filipinas, afectados por la escasez, solicitaron cooperación a Beijing en materia energética.
La obsesión china por la seguridad energética no es nueva. Ya a principios de siglo, las preocupaciones por el abastecimiento a través del Estrecho de Malaca llevaron a la creación de una reserva de petróleo de emergencia en 2004, la cual se ha estado reforzando en los últimos meses.
Aunque China sigue siendo el mayor comprador mundial de petróleo y gas, con tres cuartas partes de su consumo provenientes de importaciones, sus esfuerzos comienzan a mostrar resultados. Tras masivas inversiones en subsidios para vehículos eléctricos y energías renovables, la demanda de derivados del petróleo ha caído por dos años consecutivos, llevando a algunos analistas a sugerir que el consumo de hidrocarburos podría haber alcanzado su pico.
