Edward Galinski y Malka Zimetbaum se conocieron en el campo de concentración de Auschwitz en 1943. En junio de 1944 protagonizaron una fuga que duró pocas horas. Fueron detenidos y ejecutados en septiembre de ese año.
Edward (Edek) Galinski, un joven polaco de 16 años, fue detenido por los nazis a comienzos de 1940 y enviado a la prisión de Tarnów. En junio de ese año fue trasladado al campo de concentración de Auschwitz, inaugurado poco antes. A principios de 1942, el comandante de las SS Edward Rottengiihrer abrió un taller de cerrajería en el campo y Edek quedó al frente. Según relatos posteriores, solicitaba prisioneros para trabajar con él y fue castigado en varias ocasiones por tratar bien a los detenidos.
Malka (Mala) Zimetbaum nació en Polonia y se trasladó con sus padres a Bélgica cuando era niña. En septiembre de 1942 fue detenida en la Estación Central de Amberes durante un control de las tropas nazis. Tenía 24 años y fue deportada a Auschwitz. En el campo trabajó como intérprete; hablaba polaco, alemán, flamenco, francés e italiano.
Edek y Mala se conocieron a fines de 1943, cuando él fue enviado como parte de un escuadrón de trabajadores forzados a otra área del campo. Ambos coincidieron en distintas ocasiones y mantuvieron contacto.
En junio de 1944, Edek consiguió un uniforme de guardia de las SS y un encargo para instalar un baño fuera del perímetro del campo. Con un uniforme falsificado y pases especiales, la pareja salió del campo el sábado 24 de junio de 1944 a las 10 de la mañana. Mala se había recogido el pelo para parecer hombre y cargaba un lavabo de porcelana.
Los dos se dirigieron hacia el sur y llegaron cerca de la frontera con Eslovaquia. Mala ingresó a una tienda de alimentos para comprar comida y, al no tener dinero, pagó con un anillo de oro. El comerciante, simpatizante del nazismo, informó a la Gestapo. Mala fue arrestada. Edek, que se encontraba a unos 60 metros, se entregó a la patrulla alemana.
Fueron trasladados al Bloque 11 de Auschwitz, la zona de castigo conocida como «el Bloque de la muerte». Permanecieron en celdas separadas. Según testimonios, un guardia llevaba mensajes entre ambos y durante el recuento nocturno Edek era llevado frente a la celda de Mala.
Tres semanas después, las autoridades del campo decidieron que ambos debían ser ejecutados la misma mañana. Edek fue llevado primero a la horca. Cuando se leía la sentencia, pateó el taburete y quedó colgando; los guardias lo volvieron a subir. Antes de ser ahorcado, gritó: «¡Viva Polonia!».
Al ir a buscar a Mala a su celda, ella sacó una hoja de afeitar que tenía escondida en el cabello y se cortó las muñecas. La directora de ejecuciones femeninas, Maria Mandl, le dijo: «Sos una bestia, vas directo al crematorio». Las enfermeras le vendaron los brazos para que muriera desangrada. Camino al crematorio, Mala dijo a otros prisioneros: «No lloren. El día del juicio final está muy cerca, recuerden todo lo que nos hicieron». Murió desangrada.
De la pareja se conservan sus números de prisionero: el 19.980 de Mala y el 531 de Edek. También un mechón de cabello rubio de ella y uno castaño de él, los nombres y números que Edek grabó en la pared de su celda y un dibujo de Mala que él guardaba entre sus ropas.
