El sociólogo e investigador del Conicet analiza en su nuevo libro, Tiempo de pantalla, los usos problemáticos de las tecnologías digitales y la desigualdad que genera la posibilidad de desconectarse.
El sociólogo Joaquín Linne, autor de La reinvención del amor (Siglo XXI), doctor en Ciencias Sociales e investigador del Conicet, publicó Tiempo de pantalla (Vinilo Editora), un libro que combina diario personal y ensayo para abordar los usos problemáticos de las tecnologías digitales.
«Hace casi veinte años que investigo lo mismo con distintos nombres: qué hacen los jóvenes con las tecnologías digitales y qué hacen esas tecnologías con ellos», declaró Linne a Clarín. El autor coordina grupos de investigación sobre juventudes y tecnologías digitales en la Universidad Abierta Interamericana (UAI).
En el libro, Linne sostiene que las tecnologías funcionan como compañía: «Una compañía lúdica, informativa, afectiva y también algo espectral». Y agrega que esta costumbre no comenzó con el celular: «La tele acompañó durante décadas a chicos y amas de casa; la radio todavía acompaña a los que manejan, a los que estudian y a muchos adultos mayores».
Respecto del origen del libro, el autor explicó: «Empezó como un cuaderno. No había un proyecto. Anotaba escenas mínimas: la mano que va sola al bolsillo, el ‘cinco minutos más y lo dejo’, el médico que se disculpa por contestar un mensaje en plena consulta». Y señaló: «Las conductas que estaba estudiando en otros las tenía ahí nomás, todos los días, en mí. De esa incomodidad salió el libro».
Consultado sobre las dificultades de haberse tomado a sí mismo como caso de estudio, Linne mencionó: «La primera dificultad es el pudor. Hay escenas que uno preferiría no dejar por escrito». También se refirió a la escritura: «El diario íntimo tira para la confesión y el oficio tira para el paper. Encontrar una voz que no cayera en ninguno de los dos lados me llevó bastante más tiempo que reunir el material».
En el capítulo «Quedarse o migrar», Linne aborda la tendencia de regresar al teléfono básico sin aplicaciones, conocido como dumbphone. Según el libro, en España la demanda de estos dispositivos creció más del 200 por ciento en 2024. «El gesto tiene algo de alivio y de boutique: desconectarse también cuesta, y no todos pueden pagarlo igual», escribió.
Linne citó el caso de Gabriel Boric, expresidente de Chile, quien a principios de 2025 dijo durante el Congreso Futuro que buscaba «desintoxicarse» de la hiperconectividad y que se había comprado un celular «de los antiguos, sin internet».
«Hay un movimiento real, aunque minoritario», afirmó Linne. «Teléfonos tontos, cajitas con temporizador, escuelas que guardan los celulares durante la jornada. Me interesa más como síntoma que como solución. Un regreso masivo no lo veo. Lo que sí está apareciendo es una diferenciación social del desconecte», agregó.
Y sostuvo: «Desconectarse se está volviendo caro; requiere tiempo, autonomía laboral y una red de gente que te banque estar ausente unas horas. El que reparte con una app, el que trabaja en atención al cliente, el pibe que estudia con el celular como única computadora: ninguno puede tener un teléfono sin apps. Ahí hay una desigualdad nueva y bastante poco discutida, la de la atención protegida como privilegio».
El autor indicó que lo que sí funciona son los acuerdos en cada escala: «la pareja que deja los teléfonos afuera de la habitación, la familia que despeja la mesa a la hora de comer, el grupo de amigos que decide que en la juntada nadie filma». Y agregó que también están los acuerdos institucionales, «que son los que mayores discusiones están generando, acerca de los ensayos que se realizan en las escuelas y lo que las universidades empiezan a preguntarse sobre el teléfono en el aula». No obstante, consideró que «corre en paralelo a lo que todavía falta: regulación sobre el diseño de las plataformas. Un acuerdo entre dos personas no compensa un modelo de negocio».
En el libro, Linne menciona el concepto de multimidad, propuesto por él hace más de una década en su tesis doctoral. «Nombra una intimidad que no se guarda del todo para uno ni se vuelve del todo pública», explicó. «Se comparte de manera controlada con un círculo ampliado de pares y tiene dos caras: una relacional: la intimidad deja de organizarse como una díada, dos personas que se confían algo reservado, y pasa a ser múltiple y simultánea, repartida en una red de vínculos, y una operativa, que es la que más me interesa: esa intimidad se administra por segmentos». Como ejemplos, mencionó la categoría de «mejores amigos» de Instagram, el grupo cerrado, la segunda cuenta, el perfil que ve la familia y el que ven los pares.
Respecto de los algoritmos, Linne afirmó: «Hay algo que me preocupa más que el tiempo de uso, y es lo que los algoritmos hacen con nuestros esquemas mentales». Y agregó: «Al servirnos siempre contenido afín, refuerzan sesgos ideológicos y de interés, consolidan creencias, endurecen posiciones. Cada uno queda más parecido a sí mismo. Eso vuelve más difícil la convivencia con la otredad, que es una condición bastante básica de la vida en común».
Consultado sobre la posibilidad de que una inteligencia artificial escriba un libro como el suyo, Linne respondió: «Una IA puede escribir hoy mismo un libro sobre pantallas que suene bien. Tiene las citas, los diagnósticos, el vocabulario, el tono preocupado justo. Le sale el equilibrio, y ese es el problema: le sale demasiado bien. Lo que todavía le cuesta es lo sucio. El humor, que casi siempre es una forma de crueldad administrada. La negatividad, la contradicción, la afectividad complicada».
Sobre la experiencia de leer libros en la actualidad, el sociólogo sostuvo: «Leer un libro entero se volvió un ejercicio deliberado, casi contracultural. No es que leamos menos, leemos todo el día: chats, subtítulos, hilos, mails, condiciones que aceptamos sin mirar». Y añadió: «Yo mismo tengo que armarme condiciones: el teléfono en otra habitación, una hora, papel. Es medio ridículo tener que montar un dispositivo para hacer algo que a los quince me salía solo».
Finalmente, sobre la experiencia de lectura de su libro, Linne dijo: «Interrumpida, y está bien que lo sea. Son capítulos breves, pensados para un lector con el celular al lado: entrás, leés una escena, levantás la vista, mirás el teléfono, volvés. Ojalá en algún momento aparezca una incomodidad chiquita, el reconocerse en un gesto propio. No busco que nadie deje nada. Busco que se vea una vez más eso que hacemos todo el día sin mirar».
Joaquín Linne básico
- Es sociólogo, magíster en Comunicación y Cultura y doctor en Ciencias Sociales por la UBA.
- Trabaja como investigador del Conicet con sede en el Instituto Gino Germani y como docente en seminarios de grado y posgrado en la UBA, UNLa, Ucasal y UAI.
- Desde hace quince años analiza cómo internet, las redes sociales y las plataformas digitales atraviesan los vínculos, las formas de estudio, los trabajos y las subjetividades de las nuevas generaciones.
- Ha publicado numerosos artículos en revistas académicas de distintos países y es coautor, junto con Marcelo Urresti y Diego Basile, de Conexión total. Los jóvenes y la experiencia social en la era de la comunicación digital (2015).
Tiempo de pantalla, de Joaquín Linne (Vinilo).
