El ministro de Economía, Luis Caputo, mantiene conversaciones con el sector privado para implementar políticas de bajo costo fiscal, en un contexto de presión cambiaria tras la devaluación del real en Brasil. El presidente Javier Milei reafirmó la ortodoxia del plan económico.
El ministro de Economía, Luis Caputo, continúa con las negociaciones para implementar una serie de medidas de alivio para sectores rezagados de la actividad, según confirmaron fuentes oficiales. Estas conversaciones se desarrollan mientras el presidente Javier Milei ratificó el programa económico durante la reunión de Gabinete del lunes.
Las políticas en análisis incluyen esquemas impositivos y la posibilidad de abrir líneas de crédito con fines productivos y de consumo, bajo la premisa de «bajo costo fiscal», según indicaron las fuentes.
En la reunión de Gabinete, Milei afirmó: «Cambiar el rumbo para ganar elecciones es inmoral, injusto, un error técnico y una grave afrenta a la credibilidad y reputación que se creó en estos años». Pese a esta declaración, el titular de la cartera económica seguiría adelante con las conversaciones, de acuerdo con lo que pudo saber PERFIL.
El contexto externo está marcado por la devaluación del real brasileño en un 12%, lo que acentúa la desventaja de sectores como la industria y el comercio en Argentina. Además, crece la presión por mejorar la competitividad de un tipo de cambio que, casi unánimemente, las empresas productivas ubican en un nivel de $1800.
Durante el año, la pauta devaluatoria oficial se movió apenas un 4%, mientras que la inflación acumulada para el mismo período trepó al 23%. El Índice de Tipo de Cambio Real Bilateral (ITCRB) con Brasil marcó 85,62 para octubre de 2026. Al ubicarse por debajo de la base histórica de 100, el indicador refleja un atraso cambiario frente al principal socio comercial de la Argentina.
El impacto de esta asimetría recae sobre el entramado fabril. El gráfico del índice oficial detalla que la medición está ponderada por el comercio de manufacturas, donde Brasil concentra el 32% del peso total de la muestra. La consecuencia directa es una pérdida de competitividad para las exportaciones industriales argentinas, especialmente para el sector automotriz y de autopartes. En paralelo, el esquema abarata los bienes terminados brasileños, lo que incentiva un salto en las importaciones.
En este escenario, la rigidez cambiaria queda en el centro del debate. El economista Amilcar Collante analizó que «hace tres meses que hay una banda dentro de la banda» con un dólar que se mueve alrededor de los $1550 con «mucha más rigidez». Para el analista, el Gobierno se encerró en un crawling peg del 0,8% mensual. Bajo ese esquema, un movimiento de 20 pesos en las cotizaciones financieras aparenta ser una crisis cuando, bajo un esquema de flotación, no debería generar un impacto macroeconómico de gravedad.
Con una inflación local que corre por encima de la devaluación programada, el peso continuará apreciándose, pronosticó Collante. Frente al shock externo, acelerar la depreciación asoma como alternativa técnica, pero Economía «prefiere el piloto automático». El oficialismo elige correrse y priorizar que el Banco Central acumule reservas antes que convalidar un salto del tipo de cambio.
«Es una flotación administrada, el beneficio de las bandas es ese», analizó Collante, pero advirtió sobre la contradicción del modelo: «Con un crawl cortito lo sufrís del lado de las reservas. No tenés los beneficios del esquema que decís que estás utilizando».
