El editor jefe de la sección Mundo del diario Clarín analizó en Modo Fontevecchia el resultado electoral en Brasil y sus consecuencias políticas para la región.
La victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil abrió interrogantes sobre el futuro de la derecha en América Latina y el vínculo de los gobiernos de la región con Donald Trump. Para analizar el resultado electoral y sus consecuencias políticas, Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190) conversó con Marcelo Cantelmi, editor jefe de la sección Mundo del diario Clarín y especialista en política internacional.
Durante la entrevista, Cantelmi sostuvo que la elección brasileña marca un punto de inflexión para la derecha y advirtió sobre los desafíos que enfrentan los gobiernos alineados con la Casa Blanca. Además, analizó el impacto del resultado en la relación entre Argentina y Brasil, el papel de las plataformas digitales en las campañas electorales y las demandas sociales que deberá atender Lula durante su cuarto mandato.
Marcelo Cantelmi es un periodista, docente y analista internacional. Es el actual editor jefe de la sección Mundo del diario Clarín. Cuenta con una extensa trayectoria en la cobertura de política internacional. Es un referente en el análisis de escenarios electorales y geopolíticos complejos, especialmente en América Latina. Trabajó durante más de 15 años como corresponsal jefe para Sudamérica de las agencias internacionales de noticias Reuters y United Press International.
—Marcelo, qué gusto, estamos cerquita. Yo estoy transmitiendo desde el estudio de Perfil aquí en Brasil. Vos viniste a cubrir las elecciones. Imagino la larga noche de ayer, te imagino ahí caminando por la avenida Paulista. ¿Qué sentís que pasó anoche acá en este país?
—Sí, fue una larga y extensa noche, con muchas sorpresas. Pasaron varias cosas. Por un lado, hay que ver la primera vuelta, donde Lula da Silva recibe lo que yo creo que fue un voto castigo. Él pierde por dos millones de votos en la primera vuelta frente a Flávio Bolsonaro, un fallo que realmente lo sorprendió. En esta elección gana por cuatro millones. Si resuelve los dos millones, agrega otros cuatro millones. En el medio, lo que sucedió es que se cambió la campaña. La campaña hacia la primera vuelta tuvo muchos problemas, él lo reconoció. Además, hay una cuestión hacia atrás que es más central: hay un voto castigo acá, realmente, porque mucha gente está resentida contra el Gobierno, porque tiene deudas, no las puede cubrir y no alcanza el dinero para pagar los gastos generales. Eso produce, además, una decisión bastante amplia, que se notó el 4 de octubre: ir a votar no va a resolver esos problemas. Por lo tanto, mucha gente no lo hizo. Lula, a lo largo de esta última campaña hacia el balotaje, cambia esa estrategia, advierte y lo reconoce en un reportaje. Dice que él no sabía por qué, por ejemplo, su subsidio Bolsa Família, muy famoso, estuvo dos años sin cambios. Lo mejora, lo empieza a pagar el lunes y logra que se vote en diputados —en senadores, digo— una legislación muy importante que agrega dos ferias a los trabajadores brasileños. Empieza a ocuparse de cuestiones sociales centrales de la pirámide. Tengamos en cuenta que el nordeste de Brasil, que es la gran base de votos de Lula da Silva, en la primera vuelta registra una pérdida de sufragios para el presidente. En cambio, Bolsonaro gana más sufragios que su padre hace cuatro años. Todo un dato de lo que estoy describiendo, que logra cambiar. También está el tema de la desigualdad social. El tema del voto cruzado, Jorge, que lo vimos muy claramente en la elección de Lula contra Jair Bolsonaro hace cuatro años, se repite acá. El voto cruzado, ¿qué es? No te quiero tanto, Lula, pero quiero menos al otro. Y esto creo que contribuyó, en cierta medida, a los dos debates: el debate del domingo a la noche en Beirut, donde era antes, y el debate del viernes a la noche, hace pocas horas, en la red de Globo, donde se vio a un Bolsonaro con buen discurso, pero con problemas bastante importantes. En la primera vuelta, muy provocador, un poco patotero; en el primer debate y en el segundo debate, con errores serios, como burlarse de que a Lula le falta un dedo, errarle el nombre nada menos que a la niña que fue asesinada en Río de Janeiro hace unos años por un policía que defendió a Bolsonaro, con la madre en el estudio a los gritos. También estuvo la declaración previa de que no va a haber cargos para el padre o para su hermano, exiliado en Estados Unidos, si él gana. Eso da cuenta realmente del peso que tiene la memoria en la gente sobre el gobierno de Jair Bolsonaro, que fue bastante malo. Creo que operó todo ese conjunto y los brasileños decidieron retener al presidente antes que probar una novedad que no les daba del todo confianza.
—Marcelo, ¿encontrás algo que trasciende a Brasil de lo que pasó ayer o es solamente un fenómeno local? ¿Concretamente, creés que es algo que puede modificar esta ola azul de toda América Latina?
—Yo creo que acá está empezando un fenómeno muy importante. Creo que esto no se da por casualidad; creo que acá hay un límite. La ola azul ya venía con problemas, porque es bastante claro que va a haber un problema para Trump en las elecciones de noviembre, las legislativas del martes próximo, del otro martes, no mañana, donde se calcula que pierde la Cámara de Representantes y posiblemente el Senado. Es decir, el gran padrino de este movimiento alineado, el MAGA regional, como se lo llama, ya pierde espacio. Estar con Trump, con esta condición y con lo que posiblemente va a suceder en la Cámara de Diputados de Estados Unidos en adelante, con un gran cuestionamiento y mucha información, no va a ser un gran negocio. Es un presidente muy complicado como Trump, muy corrupto, digamos; hay mucha cuestión para instalar. No va a ser un gran negocio aparecer en las fotos con Trump. Se pierde en gran medida eso. Además, Brasil, hay que tenerlo en cuenta, es la economía más importante del hemisferio después de Estados Unidos. Es una pieza realmente central. No quiere volver, como pretendió Trump, a conquistar América Latina dentro de estos corolarios nuevos, lo que tiene ahora, lo que planteó con su canciller Marco Rubio. Perder a Brasil es prácticamente perder América Latina. En concreto, todo este puñado de gobiernos muy alineados con la Casa Blanca van a tener que empezar a revisar la agenda. En principio, por esto que cuento, por lo que puede suceder en Estados Unidos y, además, porque acá hay una señal muy concreta de que se terminó algo, que hay que ver cómo continúa luego. Está el otro tema: el martes hay elecciones en Israel, que las puede perder también Benjamín Netanyahu, si uno atiende las encuestas. Es decir, estas son semanas de muy malas noticias para el modelo norteamericano en la región y posiblemente empiece a haber alguna mirada diferente. Me llamó la atención que ya Colombia felicitó a Lula da Silva, ignorando que Bolsonaro o Flávio hizo una denuncia contra la elección, pidiendo que la anulen, cosa que no va a suceder. Nos falta todavía una reacción de parte del gobierno del presidente argentino, que ha intervenido en esta elección de una manera muy agresiva contra Lula da Silva; del presidente de Estados Unidos, que sabemos que retuvo una felicitación para el pueblo brasileño, y también falta Bukele, de El Salvador. Faltan ellos, pero la mayoría de la región está celebrando o, por lo menos, felicitando lo que ha sucedido en Brasil.
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Es interesante, mientras retomamos, remarcar que a lo largo de este programa varios analistas internacionales y locales coinciden en que no se trató simplemente de un triunfo de Lula, del PT o de la centroizquierda en Brasil, sino que se lo significa como un punto de partida de un proceso de cambio de ciclo, en el que la derecha habría llegado a su cúspide. Habría llegado, con la elección de Fujimori, de Cade, de Dele Aspriella y de Paz en Bolivia, al momento máximo, que empieza a caer progresivamente. Inclusive, como en el caso de Anthony Gutiérrez-Rubí, planteando que no solamente era un caso latinoamericano, sino que, hasta el momento en que se había producido un triunfo de Lula, podía llegar a parecer imposible que el Partido Socialista, que está muy mal en las encuestas en España, pudiera revertir esa situación y hasta, si no ganar, al menos formar gobierno. Y eso no es poca cosa: formar gobierno luego, como ya lo hizo la vez anterior, es decir, tener menos votos que el PP, pero aun así lograr que el PP no forme gobierno y que los socialistas lo hagan con otros aliados locales. O sea, un cambio de ciclo no solamente latinoamericano, no solamente americano, sino, podríamos decir, atlántico en Occidente. Obviamente, está la situación inversa en Francia, donde parece que Le Pen es quien va a ganar y que será la derecha la que se imponga en lugar de la izquierda. O sea, estamos frente a un hecho que sucedió en Brasil, que no es simplemente de Brasil, ni del Mercosur, ni de Latinoamérica. Marcelo estaba, mientras se nos cortaba la comunicación, poniendo en contexto lo que vos decías. ¿Cuánto afecta concretamente a Milei? ¿Se puede estar un año, hasta las elecciones del año próximo, no solamente sin embajador brasileño en Buenos Aires, sino con el presidente argentino insultando, como hizo antes de ayer, al presidente electo ahora por cuarta vez en Brasil?
—Este es un descomunal error diplomático. La diplomacia argentina está muy caída en este gobierno, esto es bastante claro. Consta que Itamaraty y las relaciones exteriores de Brasil tuvieron una comunicación con el canciller argentino, Quirno, para pedirle que entre los dos gobiernos intenten ver de qué manera se resuelve este problema. Pero hubo un desinterés bastante marcado, me dijeron a mí en Itamaraty, en Brasilia, de parte de la Cancillería argentina. Si no se ve el problema, y el problema es muy grave, es porque Brasil es el principal socio comercial de Argentina. Es nuestro Estados Unidos si fuéramos México. Es una enorme necesidad, un gigantesco mercado para Argentina, y la deformación ideológica que tiene el Gobierno argentino sobre Brasil prácticamente no se explica. Realmente, la economía macro de Brasil, en cierta medida, es la que pretende Milei tener algún día. De modo que podrían acercarse precisamente a partir de valores que no son tan diferentes. Pero tenemos este tema: no tenemos embajadores y realmente esta novedad debe haber sido un trago muy malo para el presidente argentino, como me consta, porque me lo han comentado desde Estados Unidos. También lo ha sido para el canciller Marco Rubio, que estaba casi seguro de que iba a tener a Brasil dentro de su perspectiva de control.
—Marcelo, Lula ayer, inmediatamente después de haber ganado, en su discurso de triunfo menciona a las plataformas, menciona a Meta, menciona que va a haber que regular las plataformas por la injerencia extranjera que tienen en los procesos políticos de cada uno de los países. ¿Fue un triunfo el de ayer, podríamos decir, en contra de Trump, en contra de los tecnomagnates? ¿Hay en Brasil una especie de incubadora de resiliencia frente a los tecnomagnates y a lo que representa Trump?
—Está muy bien la pregunta. A ver, yo la diferenciaría. Creo que Lula gana en Brasil y no creo que haya sido tan fuerte la influencia tecnológica. Creo que gana en Brasil también en la tecnológica. Y esta vez, a diferencia de otras campañas, tuvo una presencia muy activa, muy fuerte, por ejemplo, en WhatsApp, con el ejército de Lula, del diputado Janones, que fue un verdadero éxito: arranca con 60.000 participantes y llega a 11 millones, a punto tal que la oposición intentó, por todos los medios, censurar ese canal sin éxito. Tenía cerca de cuatro veces más participantes que la versión del lado del Partido Liberal de Bolsonaro. No es solo eso, sino que también hubo otros participantes que agregaron esto. Y el mismo Lula, en ese discurso que vos señalas, dijo que le va a dar muchísima más importancia a la tecnología de lo que le daba antes. Hubo acá una denuncia importante contra Meta, que es la dueña de Instagram, Facebook y WhatsApp, porque había una diferencia en la técnica de la tecnología que generaba problemas para el tráfico del oficialismo, pero no para el de Bolsonaro. Y esto fue aceptado como una falla, entre comillas, por parte del propio consejo supervisor de Meta. Es decir, que algo hubo ahí. Y es creíble que pueda haber habido influencia, en tanto que el Gobierno de Estados Unidos apadrinó públicamente la candidatura de Bolsonaro. Recordemos que Eduardo Bolsonaro, la mano derecha del candidato, está autoexiliado en Estados Unidos y encabezó, con otro brasileño importante, el lobby para que se arancelara a Brasil, se declarara como terroristas a las bandas mafiosas del narcotráfico y hubiera una intervención mucho más activa del Gobierno norteamericano sobre Brasil. De modo que la presencia de Meta, que está muy aliada con Trump, no sorprendería. Y sí, acá hay una discusión en la región también respecto a qué tipo de regulación puede haber en algún momento con las tecnológicas, que están ganando un poder realmente central. No se entiende, de todas maneras, por qué no se puede negociar con este tipo de gobiernos, que no son tan complicados como parecen inicialmente. Los gobiernos norteamericanos de Barack Obama y Joe Biden elevaron enormemente al Gobierno de Brasil como un aliado central y casi lo protegieron cuando le ganó a Jair Bolsonaro, en el caso de Joe Biden, cuando le ganó a Jair Bolsonaro en Brasil hace cuatro años. El espacio de negociación no parece tan complicado. Y creo que hay un error de caracterización en un gobierno muy medievalista como el de Estados Unidos actual, que posiblemente se resuelva cuando vuelvan los liberales a gobernar en Estados Unidos.
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—Marcelo, vos conocés en profundidad el proceso social y político de la recuperación democrática de Brasil de los últimos 40 años. Lo que viste ayer en la calle, lo que viste de los jóvenes, ¿te sorprendió? Te pido una comparación de este Brasil que viste anoche con el que venís viendo en tus distintos viajes y coberturas.
—Yo creo que este Brasil es mucho más complejo que los anteriores. Digo, ya no es una Suiza, dos diáforas sobre una Suiza o una Suecia, como se decía en la época de Fernando Henrique Cardoso.
—El Belindia.
—El Belindia.
—Claro.
—Acá se avanzó bastante. El país está en cierto desarrollo, pero todavía tiene una base precarizada muy importante y una clase media, media y media, que plantea una necesidad de crecimiento individual que en muchos casos no logra satisfacer. Creo que esto es lo que va a haber como demanda para este cuarto mandato de Lula en Brasil. Habrá bastantes cambios. Él giró muchísimo al centro. Es conocido que acá hay una interna muy fuerte dentro del poder, entre los partidos que integran la alianza de Lula. Son diez partidos los que forman esa alianza, entre los que la integran y el PT, que todavía tiene algunos planteos de la época de esos 40 años que vos señalas, que ya no tienen presencia en este momento. Lo que hay es un giro muy fuerte al centro político brasileño para atender esas demandas, tanto de la clase media, que acá ha crecido mucho con Lula en su primer gobierno, como de los precarizados, porque al Gobierno brasileño le cuesta bastante entender este problema del ingreso. Sostienen que la gente creció mucho y entonces está demandando más porque ha crecido mucho. Es interesante esa idea gestáltica, pero ciertamente acá el sueldo no está alcanzando. Eso es lo que está sucediendo. Bueno, eso va a haber que resolverlo, porque una característica que ha tenido el gobierno de Lula, una buena característica, es una distribución de la renta un poco más equitativa que en otros ejercicios en la región y en el mundo, donde hay una mayor concentración. La mayor concentración de la renta, Jorge, todos lo sabemos, es un poco la madre de este antisistema que ha crecido enormemente en este cuarto de siglo y que ha producido un verdadero daño al valor democrático, sobre todo al de la elección. Entonces, el beneficio que había acá era ese. Lula tiene que aprender bastante de lo que perdió en la primera vuelta, más que de lo que ganó en la segunda. Hubo un voto arrepentido, es cierto, pero la primera vuelta indicó mucho. Ojo, ahí él pierde mucho poder parlamentario en esa primera vuelta, precisamente porque la gente le genera un Parlamento muy opositor, casi como un control.
—Marcelo, un lujo, te digo, escucharte. Normalmente, los periodistas de gráfica no tienen la misma calidad de sintaxis, de oralidad. La tuya es una clase magistral. Así que valoramos enormemente este tiempo que nos diste. Y vamos a abusar en un futuro, si vos nos lo permitís.
—Muchísimas gracias.
LMM
