El cocinero catalán Raül Balam, al frente del restaurante Moments de Barcelona, recorre cien kilómetros diarios en un Smart de gasolina de diecisiete años. En una entrevista, habla de su relación con los automóviles, su preferencia por la gasolina y su Seat 600 familiar.
Raül Balam Ruscalleda es el chef del restaurante Moments, ubicado en el hotel Mandarin Oriental de Barcelona, que dirige desde 2009. Su propuesta combina la tradición catalana con una mirada creativa y actual. En una entrevista, Balam detalló su relación con los automóviles y su rutina de conducción.
Balam recorre cincuenta kilómetros diarios desde su casa hasta el aparcamiento del restaurante, y otros cincuenta de regreso. Afirmó que no es un apasionado del motor: «No sé ni los caballos que tiene el mío». Conduce un Smart de gasolina de hace diecisiete años. «Para mí es el mejor auto del mundo. Siempre me había gustado y cuando llegó a mis manos ya no se fabricaba aquella versión», declaró. Sobre los vehículos eléctricos, sostuvo: «Tengo un poco el dilema de que los vehículos de ahora no me atraen. Me gustan con personalidad. El nuevo Renault 5, por ejemplo, me parece precioso, pero es eléctrico y todavía no estoy convencido. Soy muy de gasolina».
Consultado sobre qué tiene ese Smart para serle fiel, respondió: «Personalidad. Las versiones posteriores cambiaron; a una parecía que le habían puesto bótox, le habían inflado los labios y añadido morro. El mío es el redondito, el primero». Añadió que «más temprano que tarde tendré que cambiar de vehículo y la verdad es que no sé qué escoger, porque los encuentro todos iguales».
Sobre el trayecto por la carretera del Maresme, indicó que «por mis horarios, entro en Barcelona hacia la una de la tarde y no encuentro tanto tráfico. Puedo tardar unos cuarenta y cinco o cincuenta minutos». Recordó que de pequeño ir a Barcelona era «otra historia» y que ahora, sin congestión, es «un paseo».
En cuanto a sus hábitos al volante, dijo: «Soy hombre de radio. Me gusta mucho hacer zapping entre RAC1, Catalunya Ràdio y Ràdio 4. Por la noche escucho información». También mencionó que en su guantera lleva «un bolígrafo y una libreta», la documentación del vehículo y el seguro en papel, además de agua y caramelos de sabores cítricos.
Su primer auto fue un Ford Fiesta verde bosque. Relató que le tocaron en la matrícula las letras PP y que su padre le dijo que podía esperar a que pasara la segunda P, pero él quería el auto. «Lo estrené con todos los honores porque ¡lo rayé el primer fin de semana!», contó.
Sobre su rol de copiloto, dijo: «Depende de quién conduzca. Con mi padre puedo dormirme enseguida porque tengo muchísima confianza. Pero si no me gusta cómo conduce alguien, se me nota». Recordó un viaje familiar a la Expo de Sevilla en 1992 en el que su padre insistió en ir en auto y llegó solo una hora después que ellos, que fueron en avión.
Entre los viajes que disfrutó al volante, mencionó un tramo de la Ruta 66 entre Las Vegas y Los Ángeles. Tiene pendiente alquilar un descapotable para recorrer la zona del Gran Cañón del Colorado.
Respecto a los horarios de la cocina, afirmó que nunca tuvo un susto volviendo a casa porque «cuando salgo de trabajar todavía llevo la adrenalina muy alta y ese trayecto me va bien para ir rebajándola poco a poco».
Como recomendación gastronómica para conducir, sugirió la cebada: «Te da una energía que comienza poco a poco, sube paulatinamente y la bajada es muy dulce». También mencionó el pomelo como «un sustitutivo más saludable del café».
Sobre su estilo de cocina, dijo: «Soy un cocinero neotradicional. Me gusta mucho la innovación y la modernidad y estar a la última, pero también soy un gran apasionado de la tradición».
Balam posee un Seat 600 que le dio su padre y que está impecable. «Siempre ha estado en mi familia», afirmó. Explicó que sus abuelos tenían un bar y que un matrimonio sin hijos cuidó a su padre, quien luego los cuidó a ellos. «Yo vivo en la casa d’en Jaume y la Solé, que eran los que tenían este 600. Durante muchos años lo tuvo mi padre y ahora este año me lo pasó a mí».
El vehículo tiene las puertas que se abren al revés, conocidas como «suicidas». «Lo llevo escrupulosamente al día y mi mecánico me dice que, si lo cuido, tengo automóvil para toda la vida», señaló. Dijo que lo saca a pasear: «El otro día fui desde Sant Pol hasta Igualada. Llegué reventado, pero lo disfruté mucho. Allí no hay música, no hay radio, no hay nada… solo el sonido del auto».
Sobre su metodicidad, afirmó: «Soy así en todos los aspectos. No puedo salir de casa sin hacer la cama y dejarlo todo ordenado». Mencionó a su mecánico en Sant Pol, Manel, que le lleva el mantenimiento al día.
Consultado sobre si se ve al volante del 600 yendo a recoger una tercera estrella Michelin, respondió: «Ya sabes lo que dicen de la avaricia: que si quieres más, puedes romper el saco. De momento, mi saco está bien lleno. Estoy en un momento muy dulce, o sea, siento que soy una persona muy afortunada de la vida. Tengo familia, salud y trabajo en algo que me apasiona».
