Las ciudades japonesas mantienen sus calles limpias sin instalar tachos de basura en el espacio público. El método combina recolección domiciliaria, educación cívica y normas comunitarias.
Las calles de las principales ciudades de Japón presentan niveles bajos de residuos en el espacio público sin contar con tachos de basura distribuidos en veredas y plazas. El sistema se sostiene sobre tres ejes: la recolección domiciliaria con horarios y separación obligatoria de residuos, la educación escolar en normas de limpieza y la organización de los comercios y vecinos para el mantenimiento de sus entornos.
En Japón, la Ley de Gestión de Residuos y Limpieza Pública establece la clasificación de desechos en categorías como combustibles, no combustibles, reciclables y voluminosos. Cada municipio fija días y horarios específicos para la recolección. Los residentes trasladan sus residuos a los puntos de acopio designados en las fechas correspondientes.
Las escuelas incorporan desde el nivel primario actividades de limpieza de aulas y espacios comunes. Esta práctica se mantiene como parte del calendario escolar.
Los comercios y oficinas realizan tareas de barrido en los frentes de sus locales. En barrios y edificios, los vecinos coordinan turnos para el aseo de áreas compartidas.
La ausencia de tachos en la vía pública se remonta a la década de 1990, cuando se retiraron los contenedores tras el atentado con gas sarín en el metro de Tokio en 1995. Desde entonces, los residuos generados fuera del hogar son transportados por los usuarios hasta sus domicilios o hasta los puntos de recolección más cercanos.
El sistema requiere que los ciudadanos porten bolsas para guardar los desechos hasta llegar a un lugar habilitado. Esta práctica se denomina mochikaeri (llevar a casa).
La limpieza de calles y espacios públicos se complementa con campañas municipales de información y con la participación de organizaciones vecinales en jornadas de recolección.
