viernes, 11 septiembre, 2026
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Ignacio Fidanza: «Kicillof luce como un mormón para el peronismo; no creo que CFK lo enfrente porque es el que más mide»

El periodista y director de La Política Online analizó la interna del peronismo, el escenario electoral y las chances de Javier Milei, Patricia Bullrich y los outsiders. Lo hizo en diálogo con Modo Fontevecchia, por Radio Perfil (AM 1190).

La disputa interna del peronismo y el futuro de Axel Kicillof aparecen como algunas de las claves de la próxima elección. En diálogo con Modo Fontevecchia, por Radio Perfil (AM 1190), Ignacio Fidanza analizó el dilema de Cristina Kirchner frente al gobernador bonaerense, el posible enfrentamiento con Sergio Massa y el rol que podrían asumir los gobernadores del interior.

Fidanza también repasó el escenario electoral del oficialismo y advirtió sobre las dificultades que enfrenta Javier Milei por la pérdida de empleo y de poder adquisitivo, aunque destacó la baja de la inflación como una carta central para el Gobierno. Además, analizó las posibilidades de Patricia Bullrich, los eventuales outsiders y una eventual competencia entre Kicillof y Bullrich, a quienes ubicó como dos dirigentes con un capital electoral propio por encima del resto.

Ignacio Fidanza es un periodista y abogado egresado de la Universidad de Buenos Aires y empresario de medios, conocido principalmente por ser el fundador y director de La Política Online, uno de los portales de análisis y noticias políticas más influyentes de la región. Además, realizó estudios en cine y ciencias de la comunicación. También incursionó en la literatura publicando libros de poesías, Cactus. Actualmente preside la Asociación de Periodismo Digital, que nuclea a los principales sitios informativos del país.

—Bueno, fundamentalmente nos gustaría profundizar en el equívoco peronista. Recién entrevistamos aquí a Candelaria de la Sota y cuánto representaba de lo que pasó en el acto de homenaje, a ocho años de la muerte de su padre, el kilómetro cero de una especie de regreso del peronismo cordobés al peronismo nacionalista y la posibilidad de que signifique, de alguna manera, una alianza alrededor de Massa y que le compita a Kicillof: Massa, Zamora, el peronismo no bonaerense, para decirlo de alguna manera, con un bonaerense como es Massa. Pero vos primero planteás el equívoco. Uno es que Cristina Kirchner considera a Axel Kicillof su principal traidor, pero casi la totalidad de sus votantes creen que él es el heredero natural de la expresidente. ¿Cómo se resuelve este dilema?

—Es un dilema importante. Cristina arrastra, digamos, tres decisiones complejas para su base electoral. Acordate: Scioli, Alberto, Massa. Los tres candidatos a presidente que ella elige. Ninguno era puro, ninguno representaba ideológicamente lo que ella representa. Entonces, la gran pregunta es si le queda cuerda en el carretel para hacerlo por cuarta vez, teniendo enfrente un candidato como Kicillof, que es el que más cabalmente representa su ideología y que, además, es el que más mide. Entonces, ahí hay un inconveniente. Porque cuando ella, por ejemplo, elegía a Scioli, era el que más medía. Entonces decían: bueno, al kirchnerismo no hay nadie ni que se acerque. Pero ahora la situación es al revés. Entonces, ¿cómo se resuelve? No sé. Lo que creo que tiene es un problema crítico porque, si no lo explica muy bien… Primero hay que ver si lo hace, ¿no? Si realmente van a enfrentarlo. Yo tiendo a creer que no, por lo que mide. Pero bueno, si realmente deciden enfrentar a Kicillof, va a traumatizar bastante su base electoral.

—A ver, dos cuestiones sobre lo que acabás de decir. No solamente ella eligió las veces que eligió a quien más mide, como era el caso de Scioli, pero no así en el caso de Alberto Fernández, que directamente no medía, y controversialmente en el caso de Massa, porque había ahí, me parece, lo que sí es un invariable en las tres elecciones que ella hizo, que de alguna manera muestran el carácter de ella: siempre eligió personas que iban hacia el centro. Personas, inclusive podría decir Kicillof, que hasta a la derecha. Porque Scioli era peronista, menemista; Alberto Fernández hasta se podría defender socialdemócrata; en el caso de Massa, Massa incluso había comenzado directamente en la UCD. Entonces, cada vez más a la derecha. Entonces, lo que quise plantear es que cada vez que fuimos más a la derecha no fue mal. Tendríamos que quedarnos con, en ese sentido, la paradoja, lo que representaría el kirchnerismo en su origen, que era un peronismo más de izquierda. Eso por un lado. Y, por el otro, o sea, sería un cambio. Y, por el otro, otra vez, Cristina piensa que tiene que elegir un candidato de centro para, en el balotaje, poder conquistar a los independientes y no alguien como ella, porque ahuyentaría en un balotaje al peronismo, digamos, al antiperonismo, ese porcentaje de 40% de gente que vota un gobierno u otro dependiendo su estado de ánimo y humor político cada vez. ¿O tiene que votar, elegir a alguien de su propia ideología? En un punto, y el otro es: ¿se le rompió la lapicera con la elección que hizo de Alberto Fernández?

—Bueno, digamos, lo de Alberto Fernández es verdad que no medía nada, pero también es verdad que, a diferencia de ella, no tenía un techo tan bajo, que era una característica del problema final del kirchnerismo: un piso muy alto, muy parecido a lo que tiene ahora Milei, 30, 35 puntos, y un techo también por ahí. Entonces, Alberto le permitía romper ese techo. Digamos que no era visualizado como una persona que tenía un techo, como una persona que generaba rechazo. Y, de hecho, fue exitoso: ganó la elección. Que es lo que ella dice cuando le reprochan lo de Alberto: dice, bueno, pero mal no salió. Ganó. Después salió mal la presidencia. Ahora hay otro tema acá que me parece que es el tema más de fondo de la decisión de Cristina. Kicillof, por primera vez, es un candidato que se le puede quedar con todos los votos de manera definitiva, porque lo ven como el heredero natural de su expresión ideológica. Massa, Alberto, Scioli, no: ella era la garante de esa posición ideológica y eran candidatos que, como decís, podían sumar gente hacia el centro. Kicillof, si es presidente, ya está: es el heredero de ella. Y ella, digamos, tiene ese problema porque, si lo enfrenta y pierde, Kicillof se queda con todos los votos. Y, si Kicillof gana la elección presidencial, se queda con todos los votos. Por eso creo que es un problema, te diría, existencial político.

—Y que no lo van a enfrentar.

—Yo creo que es muy difícil enfrentarlo por la matemática. Hoy mide más o menos 35 puntos, está arriba de Milei. Kicillof tiene un problema con la dirigencia peronista. Tiene un estilo muy austero que a los peronistas no les gusta. Es cuidadoso con los fondos y no le gusta quedarse hasta tarde tomando vino, comiendo asado. Tiene un montón de cosas que no encajan. Es muy difícil, como un mormón: no encaja en la estética y la conducta normal del peronismo. Ahora, los números son muy fuertes. Entonces, esto, digamos, hace dudar a todo este mismo entramado de dirigentes que no les entusiasma el estilo. Bueno, pero mide un montón. Entonces es muy difícil decirle a alguien que está haciendo mal las cosas y le va bien.

—Al mismo tiempo, Kicillof sostiene que si hay PASO, si le ordenan todos porque él mide más que todos los demás. Pero, por el otro lado, hay quienes dicen: bueno, habrá que ver, porque si Cristina dice “mi candidato es Sergio Massa”, más los propios adherentes de Sergio Massa, ¿son transferibles los votos de Cristina a Sergio Massa? Y Sergio Massa, entonces, en un eventual PASO con Kicillof, le ganaría. ¿Cuál es tu pronóstico respecto a ese eventual escenario? Hay PASO y Cristina dice “mi candidato es Massa”.

—Mi pronóstico es que sería divertidísimo. Nos merecemos una interna nosotros, los periodistas, de ese tipo. Desde Menem-Cafiero que no vemos algo así. Sería realmente sensacional una interna Massa-Kicillof. Porque Massa tiene eso. Acá cada candidato tiene sus fortalezas y sus debilidades. Massa tiene eso que le falta a Kicillof: mide menos, pero tiene una capacidad de articulación con la dirigencia, de quedarse hasta las 4 de la mañana en un asado, de ir a todos lados, de hablar con hasta el último concejal, que le da una atracción política muy interesante. Y lo vimos en la campaña del 23. O sea, con una inflación disparada, de todo tipo de problemas, cualquier otra persona hubiera sido un candidato inviable y él estuvo un punto y medio de ganar. Entonces tiene una capacidad de operación política como no hay en este país, que hay que bancárselo del otro lado. Entonces sí, yo creo que realmente, para mí, esa interna tiene pronóstico reservado. No sé quién la gana. Te insisto: creo que sería sensacional vivir algo así.

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—Sería como un inverso de la de Menem-Cafiero. O si ganase Axel, digo, ahí quién representaría qué cosa, volviendo a aquel momento.

—Y todos quieren ser Menem, digamos, por izquierda o por derecha, porque ganó y porque sorprendió. El otro que quiere ser Menem es Gerardo Zamora, que dice: “Che, yo traigo los gobernadores del norte”.

—Cuatro gobernadores.

—Claro, traigo algún gobernador radical, promete todo esto. Digamos, todo esto genera expectativa, pero también dudas. Es verdad que Gerardo Zamora siempre fue como un jefe de los gobernadores del norte, un primus inter pares en las reuniones del CFI. Cuando él era gobernador y hablaba, los otros se callaban. Es cierto que tiene una descendencia, ha tenido una gestión muy dinámica en Santiago, pero bueno, es una persona de perfil bajo, casi no habla. Hay que ver cómo encaja eso en esta competencia.

—Y esa idea que vos mencionás en la nota de que, en lugar de que el candidato avise de una eventual fórmula de Kicillof, sea un peronista del interior para balancear Buenos Aires, el territorio bonaerense con el interior, por ejemplo Zamora u otro candidato que ha pintado antes, el que era el exgobernador de San Juan, Sergio Uñac. En lugar del balance geográfico, el balance sea ir con un vice radical. ¿Te parece verosímil? En ese caso, ¿quiénes podrían ser?

—Sí, mirá, ellos van por etapas, ¿no? Te hablo de Kicillof. Ahora tienen que consolidar su candidatura. Pero los gestos que él hace son hacia afuera del peronismo. Acordate que Kicillof no viene del peronismo. Él viene de la izquierda universitaria. Entonces, ahora tiene que consolidar su candidatura. En su momento, Kicillof tiene buen diálogo con Pullaro y le parecía sensacional Pullaro, obviamente. El problema es que Pullaro no quiere.

—Es mejor ser gobernador de Santa Fe que vicepresidente.

—Claro, y además, digamos, Pullaro es de centroderecha, no es de centroizquierda. Tiene muy…

—Pero sería el Álvaro para la fórmula, el equivalente a Alckmin para la fórmula de Lula en Brasil. Que busque a alguien radical y de centroderecha.

—O Perón, ¿te acordás? Perón ponía a conservadores. Así que no habría un problema. Al revés, le suma, exacto. Pero bueno, en principio no. Ahora, ellos quisieran, ¿sí?, un radical. Zamora es radical. Valdés es radical. Otras cosas divertidas que ocurren en torno a esto es que muchos de estos gobernadores aliados que están discutiendo su alianza con el Gobierno, y viene trabajosa la alianza, cuando las discusiones se tensan con los funcionarios, los ministros de Milei, varios de ellos amenazan con ser vices de Kicillof. Dicen: “Ah, bueno, si ustedes me la complican demasiado, yo rompo y cierro de vice de Kicillof”. O sea, la posibilidad esa está dando vueltas. La concreción de eso, para mí, tiene que ver con una cosa central, que es cómo llega Milei al año que viene. Si Milei llega arriba de los 30 puntos, va a ser más difícil que Kicillof pueda arrancarse de un gobernador radical. Ahora, si está muy complicado, bueno, se abre el panorama.

—¿Y cómo imaginás que llega Milei al año próximo? ¿Cómo ves la tendencia?

—A ver, Milei tiene una carta importantísima, que es la baja de la inflación. Digamos, yo no la subestimo. Vos lo sabés muy bien, hemos vivido décadas con este problema. Es un problema muy grave. Y la baja de la inflación que logró me parece muy, muy importante y no es fácil haber hecho lo que hizo. No subestimo esa carta. En el momento de la persona que va a votar, ahora hay todo tipo de debate y está todo bien, pero en ese momento, viste cómo las opciones y debates se simplifican al extremo. Ahora, el golpe, digamos, todas las encuestas lo revelan, el golpe de la pérdida de empleo y del poder adquisitivo es brutal y, digamos, es muy difícil que gente, por ejemplo, que se quedó sin laburo, vote al gobierno en el cual se quedó sin trabajo. Entonces, yo creo que hoy el Gobierno está muy complicado. Con 30 puntos está muy complicado. Tienen este debate interno que lo están procesando de manera muy, muy loca, como son, sobre qué medidas tomar para reactivar, con un Milei que dice: no se toma ninguna medida, pero se toman algunas medidas casi escondidas. Hacen como un keynesianismo a escondidas, Toto Caputo. Y hay que ver cómo evoluciona eso de acá al año que viene. Yo no lo doy por muerto a Milei. Me parece un candidato fuerte.

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—La otra cosa que refuerza tu idea es Menem. Explotó la convertibilidad y, sin embargo, en las elecciones de 2003, él sacó más votos que ningún otro. Luego no podía ganar el balotaje, pero, aun así, un montón de argentinos votaron por la convertibilidad en el año 2003, dos años después de que ella haya explotado por el aire, ¿no?

—Sí, yo creo que hay un montón de estudios, ¿no? Digamos, los regímenes de alta inflación afectan casi, te diría, hasta psicológicamente. O sea, te desestructuran tu vida, por más que te vaya bien. Esa negociación permanente de todo te genera un marco de inestabilidad que no lo subestimo en cuanto a su efecto electoral. Haber aplacado eso, no lo resolvió, pero lo aplacó bastante. O sea, pasar de un rango de 200, 100 y pico anual a 20, y bueno, me parece un triunfo de política macroeconómica importante.

—Mencionás acá la posibilidad de Bullrich. Mencionás acá en tu nota sobre el equívoco peronista que Bullrich está esperando que esa rotura del afecto entre la sociedad y el presidente Milei por el desempleo, por el endeudamiento, por la menor capacidad de compra de los salarios, termine desgastando la figura de Milei y haya un mileísmo sin Milei. Ya se nota ahí que, en ese caso, cualquier otro candidato del mileísmo, ella le gana. ¿Imaginás dentro de esa psicología, dijiste, la locura de este gobierno, la posibilidad de que Milei termine no siendo candidato y quieran colocar un candidato que lo continúe?

—Sí, y además imagino la posibilidad de que los factores de poder que sostienen este modelo empujen esa decisión. Creo que están trabajando para eso. Lo que pasa es que Milei, con 30 puntos, no es un candidato que se baja; con 20, sí. Lo que pasa es que acá hay un problema, me parece, para Patricia Bullrich, que es que cuando vos ves todas las encuestas, la curva que ella hace copia perfectamente la de Milei. Milei tuvo su mayor caída de imagen positiva en marzo. Cuando él cae, ella cae. Ella cae y, cuando él recupera, ella recupera. Pero es alucinante: incluso, Milei recupera un punto y ella recupera un punto, siempre un poco más arriba. Son como dos electrocardiogramas que se copian. Entonces, si Milei se derrumba, la operación de despegue y de consolidación de la candidatura de Patricia no me parece sencilla en términos políticos. Pero bueno, ella está trabajando en eso abiertamente.

—Y no mencionás acá los outsiders. ¿Cuál es tu opinión? ¿Creés que los outsiders simplemente hacen una campaña personal para luego bajarse y disfrutar un rato sin el costo de luego tener que ser verdaderamente candidato o verdaderamente presidente? ¿O van en serio?

—Mirá, yo te digo, hablemos de, por ejemplo, Brito. Brito tiene un montón de negocios regulados por el Gobierno. Acaba de ganar Transener. Tiene un banco que es muy susceptible a cualquier decisión del Banco Central u opinión de Milei. Cuando Milei le pega a Brito en la otra corrida, ¿te acordás? Que parece que La Rural es el lugar que elige Milei. ¿Te acordás que fue en La Rural que le dijo barbaridades? Tembló el banco. Fue un momento muy crítico, el Macro. Entonces, yo no me imagino ni a Brito ni a Haddad enfrentando a Milei. De hecho, cuando yo los escucho durante estos dos meses que han estado en esta protocampaña, siempre son como muy cuidadosos. Como que el modelo está bien, que esto, que aquello, que la gente está mal, pero bueno, se ha hecho un gran avance.

—Son síperos, síperistas.

—Sí. Y creo que enfrentar a Milei no es para cualquiera. O sea, no tiene ningún tipo de límite. Y hoy el aparato digital de Milei se activó con Malvinas, pero en una campaña se va a activar.

—Me hace reír con eso de “enfrentar a Milei no es para cualquiera”.

—Vos lo sabés.

—Exactamente. Pero bueno, entonces creo que finalmente la cuestión va a estar entre el peronismo y el candidato que representó.

—Sí. A ver, yo creo que estos dos candidatos, que son los más importantes, digamos, Haddad y Brito, es como que avisaron y dijeron: bueno, estamos a disposición, pero tienen que venir a buscarnos. Se tiene que dar una circunstancia donde Milei no es candidato. Me parece que la clave es esa. Yo creo que ellos se preparan para ser candidatos.

—O sea, igual que el caso de Patricia Bullrich, entonces.

—Igual. Ahora, está muy bien la reflexión. Yo creo que Patricia Bullrich es mucho más candidata en una crisis de Milei por la experiencia, por lo que mide y por sus relaciones con el poder económico.

—Entonces, a ver si puedo trazar finalmente un paralelismo entre lo que mide Patricia Bullrich y lo que mide Kicillof. Ellos dos son dos raras aves. Uno, podríamos decir, del sector nacional y popular; otro, del sector liberal antiperonista. Pero los dos tienen capital. Son los únicos dos que tienen capital. ¿Tienen un capital electoral propio?

—¿Capital electoral de gran volumen?

—Sí. De gran volumen hoy, sí. Sí, están en un escalón arriba. A ver, son los dos que están primero en cualquier encuesta.

—Interesante, ¿no? Y los dos, al mismo tiempo, en conflicto con quienes controlan, digamos, organizacionalmente esos espacios políticos, ¿no? Ignacio, muchísimas gracias. Un gusto tenerte acá. Felicitaciones por el éxito de La Política Online.

—Bueno, gracias.

—Veremos nuevamente en otra oportunidad muy cercana. Muchas gracias.

—Gracias.

LMM

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