La escritora y psicoanalista Alejandra Jalof explicó en +Perfil la relación entre su práctica clínica y su concepción de la escritura, centrada en la intervención sobre el lenguaje cotidiano.
Alejandra Jalof, escritora y psicoanalista, explicó en una entrevista con +Perfil, el nuevo canal de Editorial Perfil, que su manera de entender la escritura está vinculada con su práctica como psicoanalista. Según la autora, ambas actividades comparten una búsqueda: intervenir sobre aquello que parece evidente dentro del lenguaje cotidiano.
«El trabajo de la escritura para mí tiene una gran correspondencia con la clínica psicoanalítica porque se trata de romper o intervenir en lo que puede ser el lugar común de la lengua», sostuvo Jalof.
Durante la entrevista, la escritora se refirió al lenguaje cotidiano y al lugar común. Explicó que las personas se desenvuelven habitualmente a partir de una lengua compartida, sostenida por consensos que permiten comunicarse sin analizar permanentemente el significado de cada palabra o expresión.
Como ejemplo, citó una pregunta cotidiana como «¿todo bien?», que funciona dentro de ese acuerdo común: no se trata de detenerse a definir qué significa «todo» o qué es exactamente «el bien», sino de utilizar una fórmula que permite establecer una comunicación rápida.
Para Jalof, esa lógica resulta necesaria en la vida cotidiana, pero la literatura opera de manera diferente. Mientras la comunicación diaria necesita apoyarse en significados compartidos, la escritura puede ponerlos en cuestión. «En el caso de la escritura es a la inversa», afirmó.
La autora describió el lugar común como un obstáculo frente al que trabaja deliberadamente. Su objetivo es evitar que determinados sentidos aceptados automáticamente se incorporen al texto sin ser interrogados. En ese proceso, señaló que muchas veces el escritor no sabe con precisión qué quiere hacer desde el comienzo, pero sí puede reconocer aquello que no quiere permitir dentro de su escritura. «Uno no sabe bien qué quiere hacer, pero quizás sepa lo que no quiere hacer», indicó.
Jalof identificó como una de sus principales preocupaciones evitar que el lenguaje cristalizado se filtre en la escritura. Para ella, el desafío consiste en no aceptar automáticamente que una palabra, una frase o una idea significan aquello que el consenso social establece. La escritora definió ese sentido compartido como «ese lugar común, ese común de sentido» y destacó que romper con él permite descubrir otras dimensiones de lo que se dice.
La misma operación, según explicó, aparece en el psicoanálisis: detectar aquello que se introduce en el discurso sin ser advertido por quien habla. «Poder detectar eso que pasa como contrabandeado en el hablar y se detecta eso, yo pienso, como una epifanía», afirmó.
Jalof vinculó esa experiencia con la posibilidad de encontrar detalles aparentemente menores, pero capaces de abrir nuevos sentidos. Para describirlos, recurrió a la expresión «divinos detalles».
La autora señaló que esa búsqueda constituye una parte central de su trabajo literario. Más que reproducir sentidos ya establecidos, intenta detenerse en aquello que se desvía, incomoda o aparece apenas insinuado en el lenguaje. De esta manera, sus obras «Fotosíntesis» y «Linaje Caníbal» pueden leerse desde una concepción de la escritura en la que el lenguaje no funciona simplemente como una herramienta para transmitir ideas, sino como un territorio que debe ser explorado e intervenido.
Para Jalof, tanto la literatura como el psicoanálisis encuentran su potencia en la capacidad de detenerse frente a lo aparentemente obvio. Allí donde el lenguaje cotidiano busca facilitar la comunicación mediante consensos, la escritura puede hacer lo contrario: interrumpir ese automatismo y abrir preguntas sobre aquello que parecía tener un significado cerrado.
