Un estudio estima que en 2025 más de un millón de personas en Argentina generan ingresos a través de aplicaciones de reparto y movilidad, lo que equivale al 8% del empleo registrado. La OIT aprobó un convenio para regular la relación laboral en este sector.
Un estudio elaborado por CIPPEC, BID Lab y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) estimaba que en 2018 unas 160.000 personas obtenían ingresos mediante aplicaciones digitales en Argentina, cifra equivalente al 1% de los ocupados del país. Ocho años después, estimaciones del sector indican que más de un millón de personas trabajan a través de estas plataformas: alrededor de 900.000 conductores y 200.000 repartidores.
Si se toma como referencia el universo de 12,765 millones de trabajadores registrados que tenía Argentina en abril de 2026, quienes generan ingresos mediante aplicaciones equivalen aproximadamente al 8% del empleo registrado. El fenómeno no es exclusivo del país: a nivel global, el Banco Mundial estima que entre el 4,4% y el 12,5% de la fuerza laboral obtiene ingresos a través de plataformas digitales, lo que representa hasta 435 millones de personas.
En junio de 2026, la OIT aprobó el Convenio 193 sobre Trabajo Decente en la Economía de Plataformas, el primero dedicado específicamente a este sector. La norma impulsa garantías como transparencia en el funcionamiento de los algoritmos, revisión humana de decisiones automatizadas, acceso a la seguridad social, protección frente a accidentes, remuneraciones claras y el derecho de los trabajadores a organizarse y negociar colectivamente.
Según el sociólogo italiano Antonio Casilli, autor de Esperando a los robots (2020), en las plataformas digitales el empleador se vuelve invisible. En lugar de un supervisor de carne y hueso, el trabajo queda organizado por un algoritmo que asigna pedidos, calcula tarifas, establece incentivos, mide tiempos, registra cada movimiento mediante GPS y procesa las calificaciones de los clientes. El trabajador conserva la libertad formal de conectarse o desconectarse de la aplicación, pero una vez que ingresa al sistema son los algoritmos los que determinan buena parte de su actividad cotidiana.
Casilli sostiene que las plataformas externalizan casi todos los costos del trabajo sin renunciar al control sobre él. El repartidor aporta la bicicleta o la moto, paga el combustible, afronta el mantenimiento del vehículo, compra su teléfono celular, financia la conexión a internet y asume los riesgos de accidentes o enfermedades. La empresa evita los costos asociados a una relación laboral tradicional, pero conserva la capacidad de organizar el proceso productivo mediante el algoritmo.
En 2025, Uber facturó US$ 52.000 millones, un crecimiento de casi el 19% respecto del año anterior. Delivery Hero, la multinacional alemana dueña de PedidosYa, Glovo, foodpanda y Talabat, registró ingresos de aproximadamente US$ 14.800 millones. Rappi no divulga estados contables auditados. En julio de 2026, Uber anunció la compra de Delivery Hero por US$ 14.800 millones, incorporando a marcas como PedidosYa y dando origen al mayor grupo de delivery del mundo fuera de China.
Durante el Argentina Week en Nueva York en marzo de 2026, el CEO de Uber, Dara Khosrowshahi, elogió las políticas económicas del gobierno de Javier Milei y, en una entrevista con La Nación, afirmó: “Creemos que la libertad económica, la desregulación y la competencia son fundamentales para que la tecnología pueda generar empleo y oportunidades”.
El filósofo surcoreano Byung-Chul Han sostiene que el poder contemporáneo logra que las personas se exploten a sí mismas creyendo que actúan libremente. En este sentido, el repartidor puede conectarse cuando quiera, pero un algoritmo premia a quienes aceptan más pedidos, permanecen más tiempo conectados o trabajan en horarios de alta demanda. El control no desaparece: cambia de forma.
