Mariana Savid Saravia, psicopedagoga y miembro de Fundación Lea, analiza cómo la final del Mundial entre Argentina y España genera efervescencia colectiva y sincronía emocional, más allá del resultado deportivo.
La psicopedagoga y especialista en neuroeducación Mariana Savid Saravia, miembro de la Fundación Lea, publicó un análisis sobre el impacto social de la final de la Copa del Mundo entre Argentina y España. En su texto, sostiene que el evento futbolístico trasciende lo deportivo y se convierte en un fenómeno de cohesión social.
“Argentina y España se enfrentan mañana. Pero, en realidad, el verdadero partido ya comenzó hace semanas, en cada bar, en cada casa, en cada pantalla encendida. Y este partido no se juega con la pelota: se juega con la necesidad de encontrarnos”, afirmó Saravia.
La especialista señaló que, en un contexto de divisiones sociales y crisis recurrentes en Argentina, el fútbol actúa como un elemento que cierra temporalmente las grietas. “Cuando el himno suena o cuando un pase de Messi atraviesa una defensa, por un instante, las grietas se cierran. No porque los problemas desaparezcan, sino porque algo más grande los desplaza: la necesidad de ser parte de un ‘nosotros’”, declaró.
Desde la neuroeducación, Saravia explicó que el cerebro humano está diseñado para la conexión. “Cuando compartimos una emoción intensa con otros, se activan las neuronas espejo, se libera oxitocina (la hormona del vínculo) y nuestras ondas cerebrales tienden a alinearse. Esa sensación de energía y unión tiene un nombre: efervescencia colectiva”, detalló.
La autora también destacó el liderazgo del capitán argentino Lionel Messi como ejemplo pedagógico. “Nos enseñaron que el éxito no es un atajo, sino sinónimo de esfuerzo y resiliencia. Ese liderazgo positivo que ejerce Messi, conteniendo, organizando, respetando los roles de cada uno, celebrando los logros ajenos como propios, es la mejor pedagogía que existe”, sostuvo.
Saravia concluyó que el fútbol, como evento colectivo, devuelve a las personas la sincronía perdida en una época hiperconectada pero solitaria. “El verdadero campeonato no se define en el alargue. Se define en cada abrazo, en cada ‘¿dónde lo ves?’, en cada silla que se suma a la mesa”, afirmó.
