Especialistas abordaron enfermedades de impacto productivo, la importancia del calostro en terneras y estrategias para mitigar el estrés calórico en rodeos lecheros.
Durante las Jornadas Lecheras Nacionales, realizadas recientemente, se abordaron temas clave para el sector. En el bloque de Sanidad, el Méd. Vet. Marcelo Signorini, del INTA Rafaela-IdICaL (INTA-CONICET), expuso sobre la erradicación de la tuberculosis bovina, una enfermedad crónica que afecta la salud animal, la seguridad alimentaria y la capacidad exportadora del país. La prueba de tuberculina, manual y sujeta a errores de interpretación, sigue siendo una herramienta central. “Los establecimientos positivos se concentran en rodeos lecheros, donde la longevidad de los animales favorece la permanencia de la enfermedad”, señaló Signorini. La tuberculosis, al ser zoonótica, representa una restricción para la comercialización de productos lácteos y cárnicos en mercados internacionales.
La Dra. Virginia Zbrun, también del INTA Rafaela-IdICaL, abordó la queratoconjuntivitis infecciosa bovina, una enfermedad que, si bien no causa mortalidad, genera alta morbilidad y pérdidas económicas. Señaló que Moraxella spp., especialmente la variante Moraxella bovoculi, actúa como patógeno oportunista, con mayor incidencia en primavera y verano debido a factores como la radiación ultravioleta y las altas temperaturas. El control de moscas y la aplicación estratégica de vacunas son claves para mitigar su impacto.
En el ámbito de la alimentación, la Dra. Melissa Cantor, de la Universidad Estatal de Pensilvania, destacó la importancia del calostro más allá de los anticuerpos. “El calostro debe estar limpio, entregarse rápido y en una cantidad equivalente al 10% del peso corporal del ternero”, explicó. Una mala gestión del calostro puede generar retrasos en el primer parto y menor producción de grasa. Recomendó una estrategia de tres días de administración para reducir consecuencias a largo plazo.
Finalmente, la Ing. Agr. Georgina Frossasco, del INTA Rafaela, presentó un proyecto público-privado para detectar estrés calórico en rodeos. El relevamiento, iniciado en el verano de 2026, incluye 15 tambos con sensores. Se observó una caída en la producción de 35 a 31 litros diarios en temporadas de calor. El 60% de los establecimientos cuenta con más de cuatro metros cuadrados de sombra por vaca, y solo el 13% tiene sistemas de refrescado. El estudio continúa para mejorar las alertas tempranas.
