A pesar de las encuestas que muestran una caída en la imagen presidencial, desde el oficialismo no se termina de comprender el alcance del escándalo que involucra al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, investigado por supuestas dádivas y enriquecimiento ilícito. Analistas y consultores advierten que la contradicción entre el discurso de moralidad y las sospechas internas podría agravar el desgaste.
El consultor Jaime Durán Barba describió días atrás, con su habitual ironía, que «desde el punto de vista de la política, un ministro es un fusible y no se puede, por salvar el fusible, dejar que se queme la casa». En ese marco, sostuvo que si fuera asesor del Gobierno de Javier Milei —como lo fue con Mauricio Macri— hubiera aconsejado echar a Manuel Adorni desde el primer momento, incluso bajo la creencia de que es totalmente inocente, por el daño que le provoca a la imagen del Ejecutivo.
A diferencia de otros analistas que estiman que la compleja situación económica es la raíz del rechazo al denominado «Adornigate», Durán Barba valora ambos factores por igual como claves del declive de la imagen de Milei. «Si un partido o líder enarbola la bandera de la corrección, la moralidad y acabar con los chorros, no debería haber sospecha sobre su círculo íntimo», argumentó.
Esa caída en la imagen presidencial fue reflejada este domingo por el diario Clarín, en base a 14 encuestas que así lo muestran. En todos los casos, lo incierto es si se alcanzó el piso o si continuará la tendencia descendente que se registra desde enero. Otro dato llamativo es que en algunos sondeos Milei es superado por Patricia Bullrich y aparece cerca el gobernador kirchnerista Axel Kicillof.
Pese a ello, la comunicación política sigue sin ser el punto más fuerte de la Casa Rosada. El ministro de Economía, Luis Caputo, garantizó a un grupo de empresarios que no existe «el riesgo kuka». Sin embargo, el núcleo del relato mileísta consiste en sacudir permanentemente el peligro del regreso del kirchnerismo para consolidarse como única opción. Al mercado no le satisface ese argumento, especialmente después del regreso de Cristina Kirchner en 2019.
El Gobierno, en sus distintos niveles, no alcanza a comprender cómo la sociedad puede cuestionarlo por volúmenes de irregularidades que parecen nimiedades comparadas con la corrupción kirchnerista. Todas las respuestas a las consultas sobre el caso Adorni refieren a cifras o situaciones minúsculas. Tal vez no observan que elevar la vara de la ética y de la moral, y endurecer la condena a quienes violen esa lógica, provoca que cuando la transgresión ocurre «en casa» y trasciende, el castigo social se multiplica geométricamente.
El tamaño del desacierto en la comunicación política del Ejecutivo es tal que termina limpiando la reputación de algunas espadas del kirchnerismo, como el diputado Rodolfo Tailhade, exdirector de Contrainteligencia de Cristina Kirchner, que pasó del ostracismo a ser protagonista mediático por sus fuertes acusaciones de corrupción e irregularidades contra Adorni.
Tampoco el oficialismo interpreta el interés que despierta el caso. Un informe sobre la réplica de la sesión del informe del funcionario en Diputados arrojó que la conversación fue masiva, con más de 102 mil tuits y sostenida durante más de 13 horas. Llamó la atención la pasividad de «Las Fuerzas del Cielo», que no salieron en defensa de Adorni con la intensidad habitual. Está claro que el Gordo Dan y compañía están alineados con el asesor Santiago Caputo, mientras Adorni lo está con Karina Milei. También se registró una fractura en el espacio de derecha y centroderecha que conforman libertarios y macristas, pese a que los diputados del PRO optaron por el silencio durante la sesión.
Tal es la incomprensión del fenómeno por parte del Ejecutivo que el propio jefe de Gabinete, durante la sesión cuyo foco estaba puesto en su situación judicial, dio detalles sobre los gastos corporativos de la empresa estatal Nucleoeléctrica, que hasta febrero estuvo a cargo de Demian Reidel, quien se fue tras varias denuncias por presuntos sobreprecios en licitaciones. En el documento que Adorni le entregó a los diputados aparecen consumos en el exterior en free shops, hoteles de lujo, peluquerías, negocios de ropa, discotecas y restaurantes, así como extracciones en otros países y aquí equivalentes a 50 millones de pesos. Reidel dio su versión, despegándose de ese tipo de gastos, pero terminó confirmando su veracidad.
