El presidente de YPF celebró un récord de producción petrolera, pero el frío anticipado expuso la fragilidad del sistema de transporte de gas, dejando a industrias sin suministro.
En el marco de la Expo EFI, el presidente de YPF, Horacio Marín, anunció con optimismo que “este año vamos a romper el récord de producción petrolera del millón de barriles de petróleo por día”. El ejecutivo, cercano al Gobierno, se mostró como una figura central del sector energético, destacando los resultados positivos que impulsan la economía, mientras otros sectores productivos quedan relegados.
Sin embargo, la llegada anticipada del frío y los cortes de gas en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y otras regiones pusieron en evidencia un problema estructural: el transporte de energía. Marín, consultado por periodistas de PERFIL, señaló que la industria del Gas Natural Licuado (GNL) se beneficia de los efectos de la guerra en Irán, y que Argentina, al ser una región sin conflictos, atrae inversiones internacionales para proyectos del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), como gasoductos y exportación de GNL.
Mientras tanto, las bajas temperaturas inusuales para abril llevaron a dos grandes distribuidoras del AMBA —Metrogas y Naturgy— a cortar el suministro de gas a estaciones de GNC e industrias con contratos interrumpibles. La medida también afectó a localidades como La Plata y Mar del Plata. Desde las empresas aseguraron que ningún usuario residencial quedó sin gas, y explicaron que la restricción responde a un aumento de la demanda prioritaria que satura la capacidad de transporte disponible.
El ministro de Economía, Luis Caputo, reconoció que la actividad económica “dio mal”, pero anticipó inversiones: “El riesgo es perderse la oportunidad”. La emergencia no se debe a falta de producción desde Vaca Muerta, sino a un cuello de botella logístico: la infraestructura de transporte actual es insuficiente para movilizar los excedentes de la formación neuquina hacia los grandes centros de consumo durante los picos de demanda residencial.
La Unión Industrial Argentina (UIA) reaccionó de inmediato. En su reunión de Junta Directiva, puso el foco en el abastecimiento de GNL para el próximo invierno y los costos que esta contingencia acarrea para la producción. La entidad mantuvo encuentros con la Secretaría de Energía y la Subsecretaría de Industria, donde planteó su preocupación por la provisión de fluido y el costo que debería afrontar el sector. Ante el contexto internacional de tensiones geopolíticas que incrementan la volatilidad de los precios, la UIA presentó una propuesta orientada a adoptar medidas transitorias que atenúen el mayor costo del GNL sobre la demanda industrial, con el objetivo de preservar los niveles de producción nacional.
Detrás de esta contingencia subyace un dilema económico y operativo. Mientras algunas estaciones de servicio optan por contratos interrumpibles para reducir costos, el riesgo de corte se vuelve tangible frente a la volatilidad climática. El Gobierno tenía en carpeta transferir las importaciones de GNL a los privados y quitarle centralidad a Enarsa, pero por ahora mantendrá el esquema actual, en el que tras la compra del commodity puede subsidiar el precio y actuar como válvula de alivio para un sistema que, pese al potencial exportador, aún depende de cargamentos extranjeros costosos para cubrir las brechas de un invierno que amenaza con tensar la cadena productiva nacional.
En términos técnicos, una fuente explicó a PERFIL que el problema radicó en que “al pasar de un consumo proyectado de 9 a 13 millones de metros cúbicos debido al frío anticipado, se superaron los límites de la banda de flotación permitida”, al no estar este excedente debidamente nominado.
