Jorge García, un salteño que tenía 19 años durante la Guerra de Malvinas, comparte su testimonio sobre el hundimiento del crucero y la decisión de un compañero que le salvó la vida.
El 2 de mayo de 1982, el Crucero ARA General Belgrano fue impactado por dos torpedos lanzados por un submarino nuclear británico. La orden de abandonar el buque puso a cientos de tripulantes en el helado mar del Atlántico Sur. Entre ellos se encontraba Emilio Torlaschi, un oficial recién graduado de la Escuela Naval.
Jorge García, oriundo de Salta y quien en ese momento tenía diecinueve años, narró los sucesos de aquella tarde. Desde una balsa salvavidas, fue testigo de cómo la embarcación en la que se encontraba Torlaschi resultó dañada, dejando a unos treinta marinos a la intemperie. En medio del caos, el frío y el petróleo, Torlaschi organizó el traslado de varios hombres, incluido García, a la única balsa cercana antes de que se separaran. «Esa decisión salvó mi vida», afirmó García.
Emilio Torlaschi, nacido en Bahía Blanca en 1959, era el mayor de cuatro hermanos. Se destacó en sus estudios y en la esgrima durante su formación en la Escuela Naval, donde también tuvo el honor de escoltar la bandera. Junto con doce compañeros de su promoción, había sido destinado al Crucero Belgrano a principios de 1982.
Tras el hundimiento, los buques de rescate lograron salvar a 770 tripulantes en los días siguientes. Emilio Torlaschi fue uno de los 323 que no regresaron. Su historia, reconstruida a través del testimonio de un sobreviviente, refleja un acto de decisión en circunstancias extremas.
Torlaschi es recordado por sus familiares como una persona responsable y apasionada. Su hermana, Rosa María, lo evoca llegando rápido de la escuela para ver la serie «El Zorro», lo que despertó su interés por la esgrima.
