Para los monotributistas que buscan adquirir una propiedad, demostrar el origen de los fondos es un paso clave. Bancos y escribanías analizan la coherencia entre los ingresos declarados y el valor de la operación.
Adquirir una vivienda propia requiere no solo contar con el capital necesario, sino también poder justificar su origen legal. En Argentina, cerca de tres millones de trabajadores están inscriptos en el régimen de monotributo, y para ellos, demostrar sus ingresos se vuelve fundamental al momento de comprar un inmueble.
La simplicidad del monotributo puede volverse compleja al enfrentarse a los requisitos del mercado inmobiliario. Tras la reacomodación del sector en 2024 y 2025, los precios en la Ciudad de Buenos Aires se mantienen estables. En enero de 2026, el precio medio del metro cuadrado en CABA se ubicó en US$2450. Según datos de Zonaprop, un monoambiente promedio ronda los US$108.000; un dos ambientes, los US$129.000; y un tres ambientes de 70 m² alcanza los US$178.000.
La brecha entre la facturación declarada por un monotributista promedio y el valor de una propiedad, como un tres ambientes, puede ser significativa. Cuando el monto de la operación supera los ingresos anuales informados, el foco deja de estar en la capacidad de pago para pasar a la justificación de los fondos.
«El monotributista presenta documentación como cualquier otro contribuyente: a qué se dedica, si tiene CUIT o CUIL, cuál es su actividad, su perfil económico», explica el escribano Julián González Mantelli, asesor jurídico-notarial del Colegio de Escribanos de la Ciudad de Buenos Aires. El primer paso es perfilar al cliente y estimar su patrimonio «previsible». Si la operación supera ese patrimonio razonable, se activa un control más profundo.
«Si una persona que desarrolla una actividad pequeña viene a comprar un inmueble de US$250.000, no es que le vamos a decir que no automáticamente. Pero nos va a llamar la atención y vamos a pedir que justifique el origen de los fondos», señala González Mantelli.
El nivel de exigencia varía según si la compra es al contado o con financiamiento hipotecario. En las operaciones al contado, el uso de efectivo es habitual en Argentina. «A diferencia de otros países, a los escribanos no nos asusta el uso de efectivo. Sabemos que culturalmente la gente ahorra fuera del sistema bancario», aclara el escribano. Sin embargo, si la operación supera ciertos umbrales, como el valor de un tres ambientes, el profesional debe intensificar la verificación.
El origen de los fondos puede estar en ahorros acumulados, una herencia, una donación, un préstamo documentado o incluso ingresos de una etapa laboral anterior. «Podría ser alguien que hoy es monotributista, pero hace tres años trabajaba en relación de dependencia, fue despedido, cobró una indemnización importante y ese dinero quedó declarado en Bienes Personales. Si hay trazabilidad, se puede razonar la operación», detalla.
Cuando interviene un crédito hipotecario, la justificación de ingresos es obligatoria. Los bancos evalúan la capacidad de pago del solicitante, analizando ingresos formales, estabilidad laboral, nivel de endeudamiento y la relación entre ingresos y cuotas. Este análisis busca cierta continuidad en el tiempo, por lo que tanto trabajadores en relación de dependencia como independientes deben presentar la documentación correspondiente.
