En el debut del Mundial de Brasil, la selección de Países Bajos, con un célebre cabezazo de Robin van Persie, logró una contundente victoria 5-1 sobre la entonces campeona España, hecho analizado como el fin de un ciclo futbolístico.
El 13 de junio de 2014, en el Arena Fonte Nova de Salvador, se disputó un partido que quedaría en la historia de los Mundiales. España, defensora del título, se enfrentó a Países Bajos en un duelo clave del Grupo B.
El encuentro comenzó con el dominio español y un gol de penal de Xabi Alonso. Sin embargo, minutos antes del descanso, Robin van Persie empató con un remate de cabeza ejecutado tras un largo centro de Daley Blind, una jugada de gran técnica que igualó el marcador.
En el segundo tiempo, Países Bajos capitalizó el cambio anímico. Goles de Arjen Robben y Stefan de Vrij completaron la goleada 5-1, resultando en la derrota más abultada para un campeón defensor en su debut mundialista.
Analistas deportivos señalaron que el equipo dirigido por Louis van Gaal logró neutralizar el estilo de posesión español con transiciones rápidas y aprovechando los espacios. Este resultado impactó profundamente en España, que no pudo recuperarse y quedó eliminada en la fase de grupos.
Por su parte, Países Bajos utilizó el impulso de esta victoria para avanzar en el torneo, culminando en el tercer puesto. El gol de Van Persie fue nominado al Premio Puskás y es recordado como un símbolo de aquella Copa del Mundo.
Expertos coinciden en que este partido representó un cambio táctico significativo, destacando la importancia de la velocidad y la profundidad en el fútbol moderno de élite.
