Tras un inicio marcado por críticas, el equipo xeneize encadena una racha positiva de resultados y muestra una evolución táctica que lo ubica en los primeros puestos del torneo local y con buen pie en la Copa Libertadores.
El panorama para Claudio Úbeda en Boca Juniors ha cambiado de manera significativa en las últimas semanas. Hace dos meses, su continuidad como entrenador era puesta en duda tras un empate sin brillo ante Racing, que generó silbidos en La Bombonera y cuestionamientos sobre el rumbo del equipo. Sin embargo, el escenario actual es diferente: el equipo se encuentra en la parte alta de la tabla del Campeonato Apertura y comenzó su participación en la Copa Libertadores con una victoria como visitante ante Universidad Católica de Ecuador.
La mejora del equipo no ha sido solo en los resultados. Desde el cuerpo técnico se identificó la necesidad de un mayor equilibrio y una circulación de balón más fluida en la zona de creación. En este proceso, la inclusión del volante juvenil Tomás Aranda ha sido una de las decisiones más determinantes. Su dinámica y capacidad para conectar el mediocampo con el ataque han aportado una variante ofensiva que el equipo no tenía, liberando de responsabilidades a otras figuras y mejorando las estadísticas de generación de juego.
Los números respaldan esta evolución: desde la consolidación de Aranda en el equipo titular, la efectividad en los pases en campo rival aumentó un 15% y la creación de situaciones claras de gol por partido subió notablemente. Un ejemplo de su aporte fue la asistencia con taco para el gol de Miguel Ángel Bareiro en el triunfo ante Universidad Católica.
A pesar de los aspectos positivos, el equipo aún presenta interrogantes, especialmente en el lateral derecho de la defensa y en el arco, donde la lesión de Agustín Marchesín obliga a un reacomodamiento. No obstante, Boca Juniors llega al próximo clásico ante Independiente con una racha de diez partidos sin derrotas bajo el mando de Úbeda, una secuencia que busca extender en La Bombonera.
