Distintas personas relatan cómo la búsqueda de una dimensión espiritual influyó en sus vidas profesionales, personales y de reinserción social, generando cambios significativos.
Hace una década, el médico Francisco D’Angelo, cirujano artroscopista del Mater Dei, decidió incorporar prácticas de desarrollo espiritual para enfrentar el estrés de su consultorio. A través del estudio de diversas disciplinas, afirma haber mejorado su capacidad de escucha y su conexión con los pacientes. «Mejoré como doctor y experimento mayor plenitud en lo personal», sostiene.
En otro ámbito, Carlos Ponce (40) encontró un camino de cambio durante su reclusión. Participó del programa creado por Eduardo «Coco» Oderigo, que combina rugby, espiritualidad, educación y oficios para la reinserción social. «Conocí el amor divino. La negrura de mi alma comenzó a ceder», relata. Hoy trabaja en el Banco Macro y se define como un padre presente y una persona feliz.
Daniel Gutiérrez, empresario de 61 años, vivió una transformación hace ocho años durante un retiro espiritual. «Esa experiencia me regaló un nuevo corazón, mejoraron mis vínculos y me puse al servicio de los demás», cuenta, marcando un antes y un después en su vida.
Estos casos plantean interrogantes sobre el sentido de la vida y el rol de la espiritualidad. Para el psicólogo Esteban Padilla, las respuestas a preguntas fundamentales son de índole espiritual, y su ausencia puede generar sufrimiento en la adultez. «Mucho del sufrimiento humano adulto radica en la falta de conexión con la conciencia espiritual», explica.
Emmanuel Sicre, sacerdote jesuita y rector del Colegio Inmaculado de Santa Fe, señala que reconocernos como seres espirituales implica tomar conciencia de que formamos parte de algo más grande. «Nos movemos en medio del misterio», afirma.
Mario Quintana, economista y estudioso de tradiciones filosóficas, coincide: «Espíritu significa soplo de vida». Para él, es imposible escindir espíritu y materia. Elizabeth Murphy, acompañante espiritual, añade: «Somos espíritus encarnados o cuerpos espiritualizados». La integración de esta dimensión aparece, en estos relatos, como un factor de cambio personal.
