Benjamin Bikman, profesor de Biología Celular, explica cómo el consumo de bebidas alcohólicas puede generar antojos y favorecer el almacenamiento de grasa, afectando la salud metabólica y la calidad del sueño.
Las investigaciones científicas coinciden en que el consumo de alcohol, en cualquier cantidad, representa un riesgo para la salud. Si bien el consumo moderado sigue siendo objeto de estudio, está comprobado que la ingesta excesiva es perjudicial. La Mayo Clinic de Estados Unidos define como consumo moderado aproximadamente 355 ml de cerveza, 148 ml de vino o 44 ml de licores destilados. El centro de salud advierte que el alcohol es «potencialmente adictivo, puede causar intoxicación y contribuye tanto a problemas de salud como a muertes evitables».
Uno de los efectos menos conocidos es cómo bebidas como el vino o la cerveza pueden sabotear la pérdida de grasa, incluso con una dieta aparentemente controlada. Así lo señaló Benjamin Bikman, profesor de Biología Celular en la Universidad Brigham Young, en una entrevista para el pódcast The Diary of a CEO: «Después de beber alcohol tendrás antojos y cada caloría que consumas será más probable que la almacenes».
El científico añadió que el problema de los antojos no radica siempre en la falta de fuerza de voluntad, sino en hábitos cotidianos que alteran la salud metabólica y dificultan cambios sostenibles. Bikman puso el foco en el alcohol como uno de los factores menos valorados. «Necesitas encontrar una forma de controlar tus antojos», aconsejó, al explicar que muchas dificultades para perder peso se asemejan más a dinámicas adictivas que a simples errores dietéticos.
Para abandonar estos hábitos, Bikman sugiere comenzar con cambios pequeños pero decisivos, identificando conductas repetitivas que afectan la salud metabólica. Entre ellas, destaca el consumo habitual de alcohol por la noche. Su impacto va más allá de las calorías, ya que altera el descanso y desencadena efectos metabólicos negativos al día siguiente.
Según Bikman, existe una falsa creencia sobre el alcohol y el sueño. «Varios estudios demuestran que las personas que dejan de beber tienen una visión errónea del alcohol en lo que respecta al sueño», explicó. Aunque pueda facilitar conciliar el sueño, empeora su calidad. Como consecuencia, quienes beben poco antes de dormir «se despiertan a la mañana siguiente letárgicos, cansados, con niveles más altos de cortisol y más resistencia a la insulina».
Este aumento de la resistencia a la insulina tiene un efecto directo sobre el apetito y el peso corporal. «Los niveles de insulina serán más altos durante todo el día, lo que significa que tendrás antojos», concluyó el especialista.
