El Hogar de Cristo inauguró un centro de día dentro del penal de La Matanza donde personas que estuvieron presas y atravesaron consumos problemáticos acompañan a quienes siguen detenidos. La iniciativa comenzó el 13 de agosto y ya asisten 60 internos.
En la Unidad 43 de La Matanza, el Hogar de Cristo inauguró el 13 de agosto el centro de día «Papa Francisco», el primero de la organización dentro de una cárcel. La propuesta traslada al penal la forma de acompañamiento que la federación de centros barriales desarrolla en zonas populares: escuchar, ayudar a reconstruir vínculos, atender problemas de consumo y organizar la vida después del encierro.
Juan Pablo Ortega estuvo detenido entre 2006 y 2018 y hoy vuelve como acompañante del Hogar de Cristo. «Nosotros, que estábamos olvidados, nos dieron un lugar», declaró. «Nosotros acompañamos pibes que atravesaron el consumo y terminaron acá, como me pasó a mí en algún momento. Hoy estamos de este lado como para poder marcarle el camino que en su momento nosotros también seguimos», agregó.
Pablo Vidal, referente del Hogar y coordinador de Desarrollo Humano Integral de Cáritas Argentina, sostuvo: «El problema más importante es que la gente está sola». Respecto del espacio, indicó: «Empezamos con tres pibes, hoy tenemos 60».
Fuentes del Servicio Penitenciario Bonaerense de la Unidad 43 consultadas por LA NACION indicaron: «Como funcionarios, debemos comprender que detrás de cada interno hay una historia de vida que nuestra tarea también consiste en generar las condiciones para que, durante el cumplimiento de su condena, pueda encontrar herramientas que le permitan pensar en un futuro distinto». Consideraron «importante» el aporte del Hogar ya que promueve escucha, contención y acompañamiento espiritual y humano, y esperan que ese trabajo ayude a fortalecer los vínculos familiares y a preparar la salida.
En la unidad funcionan clases de primaria y secundaria, formación profesional en mecánica, soldadura, carpintería metálica y panadería, y talleres de radio, música y alfabetización jurídica, entre otras actividades.
Jonathan Bernal conoció al Hogar de Cristo cuando acababa de ser padre, a los 14 años. Lleva dos años detenido por robo en la Unidad 43 y participa del espacio. «Hasta la cárcel me sigue», dijo. Sobre su vínculo con el consumo, afirmó: «Mi gran mentira hacia mí mismo fue: ‘Ya está, ya salí. Ya me curé. Ya estoy preparado para ir a ayudarlos’. Y cuando menos te das cuenta, vos estás a la par de tu hermano consumiendo».
Eduardo Alfredo, conocido como «Chicago», se internó cuando vio que se estaba desmoronando. «Yo sigo acá porque me hace bien. Con la adicción vamos a convivir toda la vida, pero hoy estamos del otro lado, ayudando a los que más necesitan. Todos los días tengo una responsabilidad. No sé si soy otra persona, pero lo veo desde otra persona», declaró. «Me gusta que el día de mañana los chicos que salgan de este lugar puedan tener su lugar propio. Y seguir acompañando desde afuera, como me siguen acompañando a mí», agregó.
Identifican al paco como el principal problema de consumo en el barrio y estiman que la mitad de los chicos consume. «Y acá adentro es mucho peor», marcó Chicago.
«A mí me costó años, yo estuve tres años en el hogar. Y así y todo pensé que estaba preparado y no estaba preparado», contó Jonathan. «Por querer sacarlos a ellos yo terminaba en el mismo lugar», dijo respecto de su intento de sacar a su hermano del consumo. Mencionó que son 14 hermanos, que sus padres también eran adictos y que veía mucha violencia en su casa. La muerte de su hijastro precedió otra recaída. «Y ahí es cuando el hogar te acompaña en tratar de sacarte de nuevo. Con mi familia lo hizo un montón, incluso conmigo», afirmó.
