El filósofo Alberto Buela y el peronólogo Alejandro Horowicz sostuvieron en declaraciones públicas que el peronismo perdió su naturaleza original y que la idea de que solo ese espacio puede gobernar se desmoronó por la experiencia histórica.
El filósofo Alberto Buela, estudioso del pensamiento argentino, elogió el discurso del presidente Javier Milei en la Asamblea General de las Naciones Unidas durante una entrevista en un streaming de Crónica. Buela, quien investigó la ética de Aristóteles en La Sorbona y es consultado por dirigentes del justicialismo, afirmó que el discurso “malvinero” de Milei “te conmueve, es extraordinario, parece Bismarck; de la galera saca la idea de la soberanía y lo primero que define es al enemigo”.
Según Buela, Milei “viene a recordar aquello que en 1602 dijo en un poema Martín del Barco Centenera: vamos a ver que estas tierras hermosas y ricas tienen grandes enemigos, que son Francis Drake y Thomas Cavendish, los piratas ingleses. De una vez y para siempre determinó al enemigo de la Argentina, y Milei se suma a esta distinción con vehemencia y produce algo que en lingüística se llama la función performativa del lenguaje. Porque el lenguaje, cuando se aplica con precisión, crea la realidad”.
El filósofo sostuvo que “todo el peronismo de estas décadas, por miedo, no hizo una presentación así: fue un discurso hablado pero no hablante, y pasaron cuarenta años”. Además, consideró que ya no es válida la “tercera posición” porque, según su análisis, se vive una sociedad dilemática: “Estados Unidos o China, Rusia o Ucrania, Israel o Palestina. ¿Cómo tener una posición superadora desde acá?”, se preguntó.
En la misma entrevista, Buela afirmó: “Hay millones de peronistas, pero el peronismo no existe más. Dejó de ser. Hablar de peronismo es caer en la monserga peroniana”. Y agregó: “En filosofía no se puede hablar de lo que no existe”. Para el filósofo, el peronismo perdió su naturaleza cuando murió Juan Perón; a partir de entonces “no hubo sanción” y se transformó en un “naranjal”, donde cada uno toma la fruta que más le gusta o conviene: socialdemócratas, democristianos, neoliberales, y siguen los disfraces y los oportunismos.
Por su parte, el peronólogo Alejandro Horowicz, autor del libro Los cuatro peronismos, declaró en Canal 8 de Mar del Plata: “Cuando uno mira el peronismo del 45 y las transformaciones que produjo y mira la sociedad del mundo del trabajo de hoy, es como si el partido de Perón jamás hubiera existido. Todo lo que sucedió dejó de suceder. Pues bien, un movimiento que produjo estas transformaciones y no fue capaz de defender ninguna de ellas resulta muy claro cuál es su destino”.
Horowicz señaló que el peronismo prevalece en el conurbano, al que describió como “un depósito de gente que depende fundamentalmente de los recursos de las intendencias”. Y sostuvo: “En esto es en lo que se ha transformado el peronismo: del partido dinámico de la clase obrera y de capas medias, al partido del pobrerío”. Consideró que encarna “una tradición política completamente desgastada” y sugirió que los peronistas observen al radicalismo, que tiene una historia más que centenaria y quedó “reducido a un conjunto de astillas que pueden ir ensambladas en cualquier dirección”.
El sociólogo Pablo Semán, por su parte, analizó la derrota de Lula en Brasil y la comparó con la Argentina. Según Semán, los progresismos latinoamericanos apostaron al Estado justo en el momento en el que este disminuía su capacidad de respuesta: sus prestaciones esenciales se deterioraron y los ciudadanos debieron salir a procurarse el empleo, la salud, la educación y la seguridad en zonas privadas, con un “sálvese quien pueda” que siempre impone la escasez. Para el sociólogo, esta transformación social implica volver al esfuerzo individual más que a la solución colectiva, y la derecha está mejor equipada para representar ese sentimiento de época: en Brasil los segmentos más bajos son los que más desaprobaron a Lula.
Semán también se refirió al desdén de la izquierda cultural hacia quienes se sienten emprendedores y al uso de la mejora de los índices de delitos violentos para relativizar la inseguridad en los barrios más vulnerables. Como ejemplo, mencionó la situación de hogares monoparentales en Brasil: “Si tenés que irte a trabajar de empleada doméstica, ¿con quién vas a dejar a tu hijo, con los estudiantes universitarios del PT haciendo marchas a favor de la liberalización de la marihuana o con la iglesia evangélica?”.
El artículo original también menciona el adelgazamiento del trabajo en blanco y la creciente irrelevancia de “la columna vertebral” sindical, arrinconada por el descrédito y la falta de representación. Y señala que la idea de que “solo el peronismo puede gobernar” se cayó por la experiencia histórica, y que la marca peronista quedó asociada a la irresponsabilidad fiscal, el desorden económico, la inflación y la venalidad.
Finalmente, se refiere a declaraciones de la senadora Fernanda Raverta en un streaming de Infobae, quien se quejó porque el rencor político era fogoneado desde la Casa Rosada. El artículo original califica esa intervención como un ejemplo de hipocresía y doble estándar.
