En el Día Mundial de la Salud Mental, especialistas señalan que la prevención y la detección temprana son aspectos centrales para abordar los trastornos mentales. Un relevamiento reciente en Argentina indica que una parte de la población presenta riesgo de desarrollar un trastorno mental, con mayor vulnerabilidad entre los más jóvenes.
En el Día Mundial de la Salud Mental, que se conmemora cada 10 de octubre, se plantea la importancia de la prevención y la detección temprana en el ámbito de la salud mental. Según se expone, en medicina se acostumbra a medir la presión antes de un accidente cardiovascular o controlar la glucemia antes de complicaciones, pero en salud mental muchas veces se llega después de que aparecen los síntomas.
Se señala que la salud mental no comienza con un diagnóstico, sino que se construye a lo largo de la vida, especialmente en la infancia y adolescencia, cuando se aprenden habilidades como reconocer emociones, regular el malestar y pedir ayuda. Una proporción importante de los problemas de salud mental en la adultez comienza a manifestarse en etapas tempranas, lo que no implica que el destino esté determinado, sino que existen oportunidades de intervención temprana.
El texto distingue entre sufrimiento esperable y trastorno mental. No toda tristeza es depresión ni toda preocupación es un trastorno de ansiedad. Prevenir no significa eliminar las emociones incómodas, sino desarrollar la capacidad de atravesarlas. Sin embargo, cuando el sufrimiento se prolonga, limita actividades y deteriora vínculos, puede requerir ayuda profesional.
Un relevamiento reciente realizado en Argentina encontró que una parte de la población presenta riesgo de desarrollar un trastorno mental y mostró una mayor vulnerabilidad entre las personas más jóvenes. Los números permiten dimensionar el problema y plantean interrogantes sobre qué sucede antes de que una persona llegue a formar parte de esas estadísticas.
La prevención en salud mental puede ocurrir en diversos ámbitos: en la familia, la escuela, la consulta médica y en la propia persona que reconoce que no está bien. Se aclara que nada garantiza que alguien no vaya a desarrollar un trastorno mental, ya que intervienen factores biológicos, genéticos, psicológicos, familiares y sociales. Una persona puede tener hábitos saludables y aun así desarrollar una depresión o un trastorno de ansiedad.
Se concluye que el desafío es lograr que más personas puedan pedir ayuda antes, reconocer señales de alarma y entender que cuidar la mente no debe empezar cuando vivir se vuelve insoportable, sino formar parte de la manera en que se aprende a vivir.
