El unipersonal protagonizado por Miriam Odorico, con dramaturgia y dirección de Giampaolo Samá, regresa para su sexta temporada en el Almagna Teatro de Buenos Aires. La obra, basada en ‘Uno, nessuno e centomila’ de Luigi Pirandello, se presenta los sábados a las 17:30.
El unipersonal Una, protagonizado por Miriam Odorico con dramaturgia y dirección de Giampaolo Samá, inicia su sexta temporada en el Almagna Teatro (Guardia Vieja 3783, Ciudad Autónoma de Buenos Aires). Las funciones se realizan los sábados a las 17:30.
La obra, que cumple cinco temporadas previas en cartelera, propone una inmersión en la fragilidad de la identidad y dialoga con temas de Luigi Pirandello.
Llevar adelante un espectáculo en absoluta soledad sobre el escenario representa un desafío para cualquier intérprete. «Es un botecito en el medio del mar, estás sola», declaró la actriz a Vivo Perfil. Sin embargo, ese vértigo encuentra contención en la estructura textual: «Hay una red enorme que es el texto, por suerte; me siento atajada y acompañada de todos lados porque si no creo que no se podría».
Con más de cuatro décadas de trayectoria en teatro, cine y televisión, y trabajos junto a directores como Claudio Tolcachir y Daniel Veronese, Odorico señaló que este es su primer unipersonal. El paso del tiempo ha permitido que la puesta se afine y cobre organicidad. «Es hermoso que pase el tiempo y todo se va aceitando y todo va cayendo por su propio peso. Me cae la baba y me parece tan rico el texto que siempre lo disfruto muchísimo; es lo que yo quería decir, sobre todo a mi edad», reflexionó.
La obra parte de un comentario del marido sobre una nariz levemente torcida frente al espejo, que desata en Angélica Moscarda la certeza de que no es una, sino muchas, y que si es muchas, quizás no sea nadie.
Para el director y adaptador, cuya labor visual y técnica acompaña cada función mediante ajustes de ritmo y energía, el texto conecta con una urgencia contemporánea. La novela original de Pirandello en la que se basa la pieza se publicó en 1926, cumpliendo este año un siglo de vigencia. «En aquel momento ella se miraba en los espejos de su familia, de su marido, de su padre; ahora nos miramos en los espejos de la computadora y nos mostramos como queremos que nos vean», analizó Odorico, señalando cómo las redes y las expectativas sociales multiplican las etiquetas.
La obra genera repercusión en los espectadores, muchos de los cuales se acercan a los espacios de charla posterior conmovidos por una pregunta que quizás jamás se habían formulado. «Me sorprende gente que se va muy emocionada y muy movilizada. En algunas charlas hubo personas que dijeron: ‘Yo jamás me pregunté cómo me veían los demás’… a mí la mandíbula se me cae», relató Odorico.
La propuesta transita el humor y la filosofía sencilla, y conecta con públicos de diversas edades, desde adultos que replantean los mandatos del deber ser hasta espectadores más jóvenes atraídos por las estrategias del personaje para romper con sus máscaras.
Más información sobre las entradas está disponible en los canales habituales del teatro.
