El Fondo de Asistencia Laboral (FAL) entra en vigencia el 1 de noviembre en Argentina. El nuevo esquema establece que una parte de las contribuciones patronales se destine a una cuenta de reserva para cubrir indemnizaciones. Otros países implementaron sistemas similares con anterioridad, con resultados diversos.
El Fondo de Asistencia Laboral (FAL) comenzará a operar el 1 de noviembre en Argentina. El mecanismo dispone que una porción de las contribuciones que las empresas ya abonan se deposite en una cuenta propia para afrontar indemnizaciones futuras. El costo mensual total para el empleador no se modifica: una parte se guarda y se utiliza para cubrir indemnizaciones cuando sea necesario.
Diseños similares existen en otros países. En Austria, desde 2003, los contratos nuevos reemplazaron la indemnización tradicional por un aporte mensual del 1,53% del salario a una caja de previsión. El trabajador conserva lo acumulado si renuncia o cambia de empleo, y lo transfiere a su siguiente trabajo. Así, el despido dejó de ser una deuda que la empresa acumula y pasó a ser un costo mensual.
Chile implementó en 2002 un seguro de cesantía que combina una cuenta individual del trabajador con un fondo solidario para quienes no alcanzan un monto suficiente. En contratos por tiempo indefinido, el empleador aporta el 2,4% del salario y el trabajador el 0,6%. El sistema está orientado a la protección del desempleado más que a la previsión de la empresa.
Brasil cuenta con el FGTS desde 1966, que obliga a depositar el 8% del salario en una cuenta del trabajador. Durante años, esas cuentas se actualizaron por debajo de la inflación mientras el fondo financiaba vivienda e infraestructura. En 2024, el Supremo Tribunal Federal estableció que los rendimientos no pueden ser inferiores a la inflación, sin compensación por lo perdido previamente.
En Argentina, la construcción funciona desde 1980 con un fondo de cese laboral: el empleador deposita mensualmente en una cuenta a nombre del trabajador, que la cobra al finalizar la relación laboral, sin indemnización adicional. En un sector de alta rotación, el esquema lleva más de cuatro décadas.
El FAL adopta elementos de estos sistemas y establece una diferencia: la cuenta es de cada empresa, no del trabajador. No acompaña al trabajador cuando cambia de empleo y no reemplaza la indemnización. Es una reserva que el empleador está obligado a construir para pagarla.
El fondo solo puede invertir en renta fija en pesos, con buena parte en deuda pública. Si el rendimiento supera a los salarios, la reserva crece; si no, la empresa acumula fondos que cada año alcanzan para menos. En una pyme de 20 empleados, entre un fondo que apenas empata la inflación y otro que le gana por cinco puntos al año, la diferencia a quince años es de aproximadamente 63 millones de pesos de hoy, equivalente a cuatro indemnizaciones de empleados con diez años de antigüedad.
En Argentina, el ahorro obligatorio invertido en deuda pública ya pasó por reestructuraciones y estatizaciones. Un fondo destinado a pagar despidos en una crisis depende en gran medida de los mismos bonos que esa crisis suele golpear.
Cada empresa debe elegir dónde va su fondo; la que no lo hace queda asignada de oficio y después solo puede cambiar en junio y en diciembre. Con casi 477.000 empleadores privados y pocas semanas por delante, muchos podrían terminar en el fondo asignado sin haber comparado opciones.
En junio había 121.000 asalariados privados registrados menos que un año antes, mientras los monotributistas sumaban 42.000. Los sectores que más crecen no son los que más empleo generan, y buena parte del trabajo que aparece lo hace por fuera de la relación de dependencia.
El FAL apunta a modernizar el mercado de trabajo y a que contratar en blanco deje de ser una apuesta riesgosa para una pyme. El peso del despido en la decisión de contratar varía según el rubro y el tamaño de la empresa. En comercio, gastronomía o servicios de alta rotación, tener ese costo prefinanciado puede inclinar la balanza. En una empresa que tarda meses en formar a un empleado, pesan más la capacitación y el riesgo de perderlo que el costo de despedirlo. Ninguna empresa contratará si no ve demanda.
El fondo puede convertir un costo que hoy cae de golpe en uno previsible. Para que eso se traduzca en empleo, hará falta que la economía termine de transitar el cambio estructural en marcha: que el auge exportador corra el eje de la economía mientras el mercado interno y el poder adquisitivo se recuperan. El mundo está convulsionado, pero se esperan precios de las materias primas relativamente altos por un tiempo, lo que da a Argentina una ventana que no siempre tuvo.
Las elecciones del año que viene medirán si ese rumbo se sostiene. Argentina lleva más de quince años de relativo estancamiento, con una economía que crece un año y cae el siguiente. El empleo privado muestra niveles similares a los de hace una década. Ningún fondo, por bien diseñado que esté, aumenta las contrataciones en una economía que no crece de forma sostenida. Lo que sí puede hacer el FAL es que, cuando ese crecimiento llegue, a las pymes les cueste menos animarse a contratar.
*José Guardia es director de Fortress Consulting, consultora de economía política y aplicada.
