Ernesto Cruz, quien alcanzó un récord mundial de rendimiento de maíz, sostuvo que el sistema funciona hasta cierto nivel de producción y planteó la necesidad de revisar prácticas de manejo, nutrición y calidad de semillas.
El ingeniero agrónomo mexicano Ernesto Cruz, reconocido por haber alcanzado un récord mundial de rendimiento de maíz (44 toneladas en parcelas de investigación), disertó en el 5° Congreso Internacional de Maíz (CIM) realizado en Córdoba. Durante su exposición, cuestionó los límites de la siembra directa para alcanzar rindes más altos y afirmó: «Evolucionen».
Cruz sostuvo que los sistemas de producción deben cambiar si se pretende avanzar hacia mayores niveles de productividad. «La siembra directa funciona, claro que funciona, pero para siete, ocho, nueve toneladas, hasta ahí. Pero ahora ocho toneladas ya no pagan. Entonces, evolucionen», declaró. No obstante, aclaró que no cuestiona principios centrales del sistema, como la conservación del suelo, evitar la erosión, la construcción de materia orgánica y el reciclado de nutrientes.
Al referirse a la compactación del suelo, volvió sobre el tema: «Siembra directa es muy buena para seis, siete, ocho. Pero acá ya andan 27 y ¿a poco no hay mucho por mejorar?». Sin embargo, evitó dar una única receta y recomendó: «Antes de tomar una decisión, midan, evalúen».
Para Cruz, uno de los puntos a observar es el desarrollo de las raíces y si existen impedimentos para que exploren mayor profundidad del suelo. «Todo lo que crece hacia arriba tiene que crecer hacia abajo. Y todo lo que pasa arriba, la gran consecuencia es cómo es abajo», explicó. También cuestionó el uso de paquetes tecnológicos iguales para distintas situaciones: «Aquí no hay recetas de cocina». Según dijo, cambian los ambientes, los equipos, los productores y las metas de rendimiento. Por eso insistió en medir cuántas plantas se pierden desde la germinación, cuántas llegan a producir una espiga y qué ocurre con el peso de los granos. «Lo que no se mide no se puede mejorar», resumió.
En cuanto a la calidad de las semillas, Cruz afirmó: «Yo digo que hay varias empresas que venden basura y hay varias muy buenas». Entre los problemas que dijo haber encontrado mencionó bajos porcentajes de germinación, alta presencia de hongos, especialmente Fusarium, y semillas provenientes de cosechas antiguas. «Y no se vale», agregó. Diferenció entre compañías: «Sí hay otras empresas que son top en calidad». Recomendó a los productores realizar pruebas de germinación para conocer la calidad de lo que compran. Incluso planteó: «Imagínense que nosotros le dijéramos a una empresa: ‘Tiene su 80% de germinación, pues te pago el 80% del precio'».
Sobre Fusarium, aseguró que puede provocar pérdidas de entre el 15% y el 30% del rendimiento y aclaró que no es un problema exclusivo de Córdoba. Explicó que no existe genética resistente, aunque sí materiales más tolerantes. Como respuesta mencionó un manejo integrado con materiales de mayor tolerancia, aireación del suelo y control biológico.
La nutrición fue otro de los aspectos que consideró necesario revisar. Cuestionó que se determine si un nivel de nutrientes es suficiente sin relacionarlo con el rendimiento buscado. «Ustedes hablan: ’30 partes por millón de fósforo es correcto’. ¿Para qué cultivo y para qué meta?», preguntó. Según señaló, una cantidad puede resultar suficiente para producir cinco toneladas, pero no necesariamente si el objetivo es alcanzar 10, 15 o 20. También dijo que no alcanza con analizar cada nutriente por separado. Puso como ejemplo el nitrógeno y explicó que aumentar su aplicación puede no generar una respuesta si existen deficiencias de otros elementos, como zinc, manganeso o molibdeno. Además, cuestionó que todo el nitrógeno se aplique en las primeras etapas, ya que sostuvo que el maíz continúa absorbiendo una parte importante después de la floración.
A esto sumó la necesidad de trabajar sobre la actividad biológica del suelo. Habló del uso de microorganismos y de la inoculación de residuos para favorecer el aprovechamiento del agua y los nutrientes, aunque aclaró que estas herramientas no reemplazan a los fertilizantes. «Las dos juntas, la nutrición mineral y la nutrición biológica, porque el suelo está vivo», afirmó.
Cruz mostró algunos resultados que, según contó, consiguieron con cambios en el manejo. En trigo señaló que pasaron de rindes de 5,5 a 8,6 toneladas por hectárea. En maíz, en tanto, dijo que comenzaron con niveles de 8,5, 9 y 10 toneladas y que actualmente están alcanzando a escala comercial alrededor de 15,5 toneladas por hectárea. Para el especialista, el salto productivo no depende de una sola herramienta. «Es la suma de hacer muchas cosas bien y evaluar, medir», afirmó.
