Lectores de El Tribuno Nacional opinan sobre el avance de la inteligencia artificial, la reducción presupuestaria al INTI, la situación económica y el impacto de las demandas laborales en las PyMEs.
La sección de cartas al director de El Tribuno Nacional publica las opiniones de los lectores sobre diversos temas de actualidad. A continuación, se reproducen los textos enviados.
“Nos estamos convirtiendo en una sociedad ultraprocesada”
Así como los ultraprocesados sacian nuestra hambre con aditivos adictivos que no nutren, la tecnología actual traza el mismo camino con nuestras mentes. Nos estamos convirtiendo en una sociedad ultraprocesada. Frente a la Inteligencia Artificial, a veces delegamos capacidad cognitiva por comodidad. Ya nos cuesta pensar. Tras las advertencias de expertos de Estados Unidos sobre riesgos existenciales de una IA desbocada, es hora de reaccionar.
¿No es momento de ralentizar nuestra mente, controlar el sistema y volver al pensamiento crítico? Si el algoritmo provee certezas enlatadas, debemos rescatar la pedagogía de la pregunta sobre la de la respuesta. El tecnoansiolítico se combate con debate y reflexión.
Como planteó el papa León XIV en su encíclica “Magnifica humanitas”, la IA debe ser “desarmada” para liberarla de la lógica de dominación y exclusión. Necesitamos una gobernanza internacional que regule este avance en función del bienestar general. La carrera tecnológica entre China y EE.UU. debe examinarse a la luz de la prosperidad global.
Nuestra soberanía intelectual dependerá de que el pensamiento no sea un producto prefabricado de góndola, sino un ejercicio humano y crítico. El escenario de la película “Terminator” nunca estuvo tan cerca; es necesario repensar con una pregunta clave: ¿tecnología, para qué?
Adrian Gustavo Choren
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“Confundimos gastar menos con necesitar menos”
El INTI mide casi todo. Mide una balanza, un surtidor, la resistencia de un material, la seguridad de un producto. Ensaya, certifica, desarrolla tecnología y ayuda a empresas argentinas a producir mejor y competir. Parece técnico. Hasta que uno descubre que detrás de una medición también puede haber una exportación, una máquina, un alimento seguro o una pyme que intenta crecer.
El proyecto de Presupuesto 2027 vuelve a reducir sus recursos. La partida cae 5,2% incluso en pesos corrientes y, según el análisis difundido por Grupo EPC que acompaña estas cifras, la pérdida sería del 17,3% en términos reales respecto de 2026.
Dicho así, parece economía. Dicho de otra manera, significa discutir cuánta tecnología industrial propia queremos conservar. Porque se puede ahorrar dinero postergando un ensayo, una inversión, una calibración o un desarrollo. Lo difícil es ponerle precio al conocimiento que deja de generarse, a la empresa que demora una innovación o a aquello que mañana tendremos que buscar afuera. Por supuesto que un país debe cuidar sus cuentas. La discusión empieza cuando confundimos gastar menos con necesitar menos.
El INTI mide casi todo. Tal vez llegó el momento de medir algo bastante más incómodo: cuánto le cuesta a un país achicar aquello que después necesitará para volver a crecer.
Liliana Cánaves
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La falta de empatía del Gobierno para con la gente
Si la economía está tan próspera como aseguran Luis Caputo y Javier Milei, yo me pregunto (y les pregunto): por qué tantos comercios bajan sus cortinas definitivamente; por qué cada vez hay más gente cartoneando; por qué cada vez es más frecuente que toquen el timbre para pedir ropa y comida; por qué vemos tanta gente revolviendo la basura por alimento; por qué la mayoría de nosotros no llega cómodamente ni siquiera a mitad de mes; por qué el súper del barrio está más desabastecido. ¿En qué país viven el ministro y el Presidente? ¿En qué realidad virtual? ¿Hablan con la gente común, los que acuden a los comedores comunitarios con sus hijos; los miles que se presentan cuando se ofrece un empleo para pocos? , no se ponen en los zapatos del ciudadano de a pie, se limitan a proyectar un supuesto futuro próspero y desatienden el presente, el hoy, el aquí y ahora. Así estamos. Es lo (poco) que hay.
Irene Bianchi
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“Cuando la Justicia laboral destruye empleo”
La protección del trabajador es necesaria. Pero ¿qué sucede cuando esa protección termina convirtiéndose en una presunción automática de que el trabajador tiene razón? Una demanda con hechos falsos o exagerados, impulsada por abogados que convierten el litigio en un negocio, puede terminar en condenas capaces de poner en riesgo una PyME. Y el daño se multiplica cuando se embargan sus cuentas bancarias. Allí no está solamente el dinero del empresario: están los fondos destinados a pagar salarios, proveedores, impuestos y servicios. Una medida contra una empresa puede terminar afectando a todos sus trabajadores. Cabe entonces una pregunta incómoda: ¿cuántos jueces que toman estas decisiones tuvieron alguna vez que arriesgar su patrimonio para crear y sostener un puesto de trabajo? Es muy fácil disponer sobre el dinero ajeno; mucho más difícil es generarlo. La Justicia debe proteger derechos, pero también debe exigir pruebas, sancionar el fraude y medir las consecuencias económicas de sus decisiones. Porque una sentencia que destruye una empresa no solamente afecta a un empresario: puede destruir empleo.
Jorge Carbi Haubold
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